El bueno de Zalacaín…

A veces, la vida te pone delante historias tan bonitas y peculiares que no puedes más que sonreír y remontarte muchos años atrás.

Yo soy de las que piensa que todo sucede por alguna razón, y el día en que la jefa de operaciones del prestigioso Restaurante Zalacaín de Madrid se puso en contacto conmigo para pedirme colaborar en un proyecto, supe que sería una de esas cosas que suceden una vez en la vida, contagiándome su entusiasmo por el proyecto que tenían entre manos.

Con motivo de la remodelación y reapertura de uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad y por llevar el local el mismo nombre que la novela de Pío Baroja, Zalacaín el Aventurero, se les ocurrió agasajar a sus clientes y socios con un regalo muy especial. La primera edición de la novela del 1909. Y con ese fin, adquirieron los derechos a la familia de Pío Baroja para su reedición, pidiéndome a mí, que les hiciera un prólogo para incluirlo en la novela, resaltando a las tres mujeres que depositaron tres rosas muy distintas sobre la tumba del aventurero.

La presidenta del Zalacaín, Susana, fiel lectora mía y una mujer apasionada, entregada y completamente emocionada con el proyecto, creyó que no sólo puedo desdoblar un lobo en tres nombres, sino que también podía dividir el amor en tres colores. Y lo hice, y entonces, aquel recuerdo del instituto, cuando me las vi con Zalacaín para un trabajo de clase de literatura, regresó a mi mente. Y el gran Pío Baroja, que en aquel entonces era de lectura obligada volvió a mí guiñándome un ojo.

Y es en momentos así, cuando te das cuenta de cómo pueden aparecer vivencias increíbles de la mano de lectores desconocidos que viajan a tus mundos y buen día deciden aparecer en ellos.

Me siento inmensamente agradecida por ello.

 

Anuncios
Publicado en Uncategorized | 1 Comentario

NO TE PIERDAS…

¿Cuando dejamos de ser nosotros mismos, para convertirnos en lo que los demás quieren que seamos para ellos?

Pues esa respuesta es fácil, en el momento en que evitamos decir una verdad por temor a que moleste, en el instante en que dejas de ser egoísta y por cariño te das y te das y te pierdes y te pierdes.

Intentamos complacer, creemos que es el pago a ser aceptados por la sociedad que nos rodea, a todos nos gusta gustar,  sin pararnos a pensar en la trampa mortal que eso supone. Pues aunque intentemos mantener una clara línea divisoria entre lo que de verdad deseamos y lo que de verdad desean de nosotros. Si buscamos agradar, esa línea queramos o no, comienza a difuminarse con cada acto de entrega a los demás. Pues si algo he aprendido es que cuánto más nos damos más nos perdemos a nosotros mismos. Hasta un punto en que ya no sabes ni quién eres, ni qué buscabas realmente para ser feliz, porque nos disipamos en deseos ajenos.

Y entonces, un buen día, despiertas sintiéndote vacío. Y descubres además, que todo lo que hiciste por complacer, no sólo no es valorado, sino que se ha convertido en argollas de obligación, pesadas y rasposas.

Pero os diréis … es que las cosas han de hacerse de corazón, no por agradar. Bien vayamos a ese supuesto…

Nos sentimos bien haciendo cosas por los demás porque nos nace, creemos que es generoso por nuestra parte, pero es un deseo egoísta puesto que ese acto nos reporta un bienestar: sentirnos bien con nosotros mismos. Eso quizá puede considerarse reciprocidad, pero no lo es. Pues por muchas cosas que hagamos de corazón, seguro que las hemos hecho para más de una persona que no lo merece, y aunque nos digamos, no importa, me nació, y con eso me quedo, nos engañamos. Porque ese poso de amargura que deja la ingratitud o la indiferencia, o la traición, comienza a crecer y dejamos de ser tan…altruistas, porque sufrimos. Con lo cual, volvemos al punto de partida, nos estamos perdiendo en dar, algo que nos genera al final frustración y acritud.

¿Entonces? ¿Hay que dejar de dar? No, pero sin perdernos de vista. Sin dar de lado nuestras prioridades, nuestras preferencias, sin perder nuestra individualidad y ese egoísmo necesario centrado principalmente en, primero, cuidarnos, querernos y respetarnos por encima de todo, le pese a quién le pese, nos necesite quién nos necesite. Pues de no ser así, el desgaste emocional, termina llevándonos a un abismo brumoso del que es muy difícil salir.

Y reflexionando sobre esto, llego a la conclusión de que por lógica, si no nos damos a nosotros mismos, no podemos dar a los demás. Dar es como una boca de lobo que traga sin piedad, llena de dientes que se te clavan hasta terminar engulléndote. Debemos ponernos un tope, debemos evitar la habitualidad para alejarnos de las cadenas del compromiso diario. Hemos de saber decir que no, si realmente no nos apetece hacer o conceder, o darnos, porque entraríamos en conflicto con nosotros mismos. Y eso nos empujaría a esa esclavitud que tan frustrados e infelices nos hace.

Y ser egoísta no es más que una mecanismo de pura supervivencia, puesto que si cedes a los deseos egoístas de terceros, dejas de ser tú, para ser un mero juguete, un esclavo complaciente, un ser al que perderán pronto el respeto y lo peor de todo, tú mismo te lo perderás.

No perdamos nunca esa maravillosa singularidad que tiene el ser humano, y para eso hemos de evitar que nos devoren las necesidades ajenas.

Y esto me lleva a otra cuestión… ¿te pierdes también cuando amas…?

Pero eso será en otro momento…

Lola P. Nieva

 

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

MIRAR ATRÁS…

Hoy voy a mirar atrás, a aquellos tiempos en que sentada en la terraza de mi casa, con apenas veinte años y la cabeza tan llena de sueños como ahora, miraba al firmamento y sonreía ansiosa, cuando una nueva aventura tamborileaba en mi cabeza. Todavía hoy siento esa creciente excitación ante la abierta puerta a mis mundos. Esos donde moran otras vidas. Todavía hoy se me encoge el corazón y hormiguea mi estómago cuando una nueva historia invade todo mi ser. Porque eso es justamente lo que sucede, me invade, me conquista y me rinde a su capricho. Y yo dejo que me zarandee y me desgarre, y me lleve a otras pieles, otras épocas, otras vivencias, algunas vividas, otras quizá por vivir.

Pero aunque la esencia permanece, tan pura e intocable como entonces, yo no soy la misma. Es imposible que lo sea. Desde que mi lobo me abrió las puertas del mundo editorial, he vivido muchas cosas, y en apenas cuatro años, he descubierto cosas de mí que no sabía y cosas de los demás que no imaginaba. Y ambos descubrimientos me han reforzado.

Para alguien que pasó toda su vida escribiendo, por absoluta necesidad, sin más ambición que la de liberar mis inquietudes, el pensamiento de llegar a publicar apenas se dibujó en mi cabeza como una borrosa quimera inalcanzable. Fantaseaba sí, cómo imagino que lo harán todos, con ser bestseller y atravesar fronteras. A veces era mi particular oasis, dónde me permitía creer que ese día llegaría. Pero como todo en la vida, los sueños solo se cumplen si se luchan, si nos equipamos con escudos de paciencia y tesón, y nos armamos de ingenio e ilusión. Y este sueño, además, tiene un condicionante que frustra peligrosamente. Que por mucho que se luche, por mucho que apretemos los dientes, por mucha piel y corazón que nos dejemos en cada trabajo, no todo depende de nosotros.

Y hasta comprender eso, no podemos entender que finalmente nuestro sueño está más en otras manos que en las nuestras, y es en ese preciso momento cuando decides que sólo hay una opción para poder alejar la frustración o la impaciencia, o la tensa expectación por saber si nuestros astros se alienaran algún día. Y esa solución es la más sencilla, lógica y primordial: disfrutar de lo que hacemos, del camino en sí y no de la meta. Dejar de preocuparnos de cada paso, solo darlo. Dejar de pensar si venderemos más o menos, o en qué puestos estamos, dejar de angustiarnos con una mala crítica o regodearnos en una buena. ¡Ser libres por fin, valorar por fin, gozar al fin, de estar, de ser y de sentir! Quedarnos con que hacemos lo que más nos gusta, en mi caso lo que necesito de manera casi vital, y disfrutar de lo único que merece la pena de todo esto. Ese anexo que acompaña a este profesión y que es la mayor recompensa de todas: el cariño del lector.

Un anexo que me maravilló desde el principio. Un plus que jamás imaginé y que por fortuna crece: las maravillosas personas que me topo por el camino, algunas ya grandes amigas que llevaré siempre en mi corazón. También las vivencias, algunas únicas que enriquecen este sendero. Y así, descubrir que publicar es tan sólo el principio del camino, que la meta no es llegar sino mantenerse. Que cada paso conduce al crecimiento personal y literario y que independientemente de donde me lleven mis pasos, todos y cada uno habrán sido disfrutados con toda esa libertad que da saber que no todo está en mi mano, pero que lo que está lo puso mi corazón.

Sea lo que sea de mí, jamás podré decirme que no lo di todo. Y aquí sigo, andando, sintiendo la brisa en mi rostro, sonriendo serena y segura, mirando al frente con optimismo y gratitud, sintiéndome plena y sobretodo libre. Libre para mirar atrás a esa mujer que fui y que nunca más seré, y adelante, en busca de esa mujer que espero ser. Sin perder la sonrisa, ni la ilusión, ni las fuerzas, pues ya no me importa que el camino sea largo o corto, lo importante es andar.

Sé que me caeré mil veces, y lloraré otras cuantas, sé que sufriré y me angustiaré o me detendré jadeante hasta recuperar el aliento, pero nada de eso me frenará, porque estoy en el camino que elegí. Y lo recorreré mientras me quede aliento. Sé que me acompañáis y alentáis, como vosotros sabéis que me dejo encontrar.

Miro atrás sí, porque eso agranda mi sonrisa y aumenta mis fuerzas.

caminar

A caminar!!!

 

 

Publicado en Uncategorized | 3 comentarios

Prólogo de Meretrice, (lanzamiento 4 de mayo del 2017, con Martinez Roca, Grupo Planeta) Narrativa contemporánea.

pro_logo-meretricemeretrice

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Prólogo de Bruma Azul

bruma-azul-pro_logobruma-azul

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Epílogo extra de Esclavo de tus deseos

epi_logo-extra-esclavo-de-tus-deseos-1

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Epílogo extra de Los tres nombres del lobo, “Cuando el corazón despierta”

cuando-el-corazon-despierta

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario