“SÁLVAME DE TI” El suicida… (3)

Una violenta arcada me convulsionó, doblandome en dos, como un tronco partido por un viento huracanado.

Estaba de costado, sobre la arena, expulsando amargas y salobres bocanadas de agua. Una mano golpeteaba rítmica y violentamente mi espalda, favoreciendo el angustioso proceso. A continuación sentí que me giraban. Tumbada boca arriba aspiré agradecida grandes bocanadas de aire. Entonces, abrí los ojos.

A escasos centímetros de mí, un rostro preocupado me contemplaba con interés. El suicida.

Era un hombre joven, de cabello negro que ahora lucía empapado, goteando sobre mi rostro, facciones angulosas, boca amplia y suave, y ojos claros, aunque con aquella luz, no pude distinguir bien su tonalidad.

-¿Quién demonios eres tú?-musitó con una profunda voz grave en tono de reproche.

-Tu salvadora- aduje, consciente de lo estúpido de mis palabras.

Los labios del hombre se ensancharon en una media sonrisa sardónica, en ese instante me descubrí admirando aquella sensual boca.

-Bienvenida, salvadora- susurró con sorna.

-Bienvenido, suicida- contesté.

La mirada del hombre mostró sorpresa, no pude evitar fijarme en sus subyugantes ojos de gato, en la recta línea de su nariz, ni en el travieso hoyuelo de su barbilla que aparecía y desaparecía a su antojo.

-¿Eso creías?

Su voz, apenas un susurro acariciador, producía un extraño efecto en mí, cómo si en realidad no fuera un hombre real, sino un ente espiritual, un ángel terriblemente seductor.

Asentí y escudriñé su mirada. Realmente parecía desconcertado, aquello me enfureció.

-¿Qué puedo pensar de alguien que se mete en el mar a estas horas, completamente vestido y caminando cómo un jodido autómata?

Entonces, y para mi sorpresa, el hombre soltó una abrupta carcajada.  Mi furia creció. Había estado a punto de morir por su culpa, y él se comportaba cómo si fuera una estúpida.

Presa de un impulso, lo empujé, en un intento de incorporarme. Él se desestabilizó, cayendo hacia un lado, momento que aproveché para intentar escapar, sin embargo, no fui lo suficientemente rápida.

Me apreso por la cintura y me tumbó de nuevo. Forcejeamos apenas un instante, hasta que logró aferrar mis muñecas y las afianzó sobre mi cabeza. Nariz con nariz nos contemplamos con intensidad.

-¡Suéltame!- exigí con firmeza.

No contestó, tampoco se movió. Se limitaba a observarme con curiosidad. Aquel escrutinio aceleró mis latidos. Alce mis caderas para desasirme de él, una mala idea, pues se estiró sobre mí, aplastándome contra la arena. Pude sentir cada músculo de su esbelto y vigoroso cuerpo.

-Te juro que….- comencé, no tuve tiempo de más.

Su boca, cayó sobre la mía con ansía. Sentí la suavidad aterciopelada de su lengua invadir cada rincón. Sabía a mar, con un toque almizclado y dulce a la vez, aquel sabor, aquellas sensaciones obnubilaron mi razón. Me encontré respondiendo con el mismo fervor.

El beso se volvió exigente, hambriento e inconformista, incapaz de otorgarnos solaz, muy por el contrario acrecentaba un ardor peligroso y devorador. El hombre gruñía preso de la pasión, su imperioso deseo palpitaba implacable entre mis piernas. Y fue en ese instante, que recuperé la consciencia, eso sí, tuve que luchar contra mi propio deseo antes de detener el suyo. Por fin, logré girar la cabeza.

-¿Qué crees que estás haciendo? – inquirí mortificada, una pregunta estúpida, pensé.

-Te daba las gracias- hizo una pausa y sonrió de manera arrebatadora- mi salvadora.

Cerré un instante los ojos, en un fútil intento por recomponer mi semblante de los estragos causados por aquella sensual sonrisa.

-De nada- repliqué forzando un tono indiferente- Ahora deja que me levante.

El hombre negó lentamente con la cabeza, su mirada gatuna resplandeció con malicia.

-Ahora creo que has de ser tú quien me agradezca que te haya salvado la vida.

-Gracias- me limité a contestar, plenamente consciente de lo que en realidad pedía.

-Los actos suelen ser más valiosos que las palabras- adujo expectante.

Sonreí seductora, pestañeando con coquetería.

-Bien- susurré ronca- entonces, un acto tendrás.

Ya inclinaba de nuevo su rostro hacia el mio, cuando actué. Flexioné rauda la pierna, clavando mi rodilla en su entrepierna.

Abrió los ojos con doloroso asombro, ahogó un gemido y cayó de costado, momento que aproveché para levantarme y salir corriendo. No miré atrás, sólo corrí ansiosa por esconderme, como aquel sol naranja ya casi oculto en la lontananza…

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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2 respuestas a “SÁLVAME DE TI” El suicida… (3)

  1. Woouuuuuu que sensual momento en la arena…

  2. Adriana dijo:

    Quiero salvar y ser salvada jaja.
    El relato va genial, 2 capítulos y ya estoy enganchada!

    Saludos desde Perú. 🙂

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