“SÁLVAME DE TI” Una invitación peligrosa (5)

Abrí la boca, muda de asombro. Era él.

El suicida sonrió con pícara diversión, se pasó la mano por su espeso cabello oscuro, acomodando un rebelde mechón y apoyando los codos sobre la mesa me miró con fijeza.

-¿Eva Ferrer?

Grises. Sus ojos eran grises, tan claros que parecían dos esferas de plata bruñida. No pude evitar embeberme de su apostura.

Era un tipo grande, de complexión atlética, de cuadrada y prominente mandíbula, barbilla pronunciada, pómulos altos, labios plenos, nariz orgullosa y rasgados ojos de gato. Bien podía tener ascendencia irlandesa, en verdad parecía un imponente guerrero celta. A pesar de llevar un traje azul oscuro que le sentaba como un guante, los detalles hablaban de un hombre que gustaba de adaptar su personalidad a la etiqueta exigida. No llevaba corbata, la camisa de un blanco cegador, libre de los dos primeros botones, mostraba una piel bronceada, que igual que un faro perdido en mitad del océano, captaba toda mi atención, ejerciendo un magnetismo desconcertante. Su hermoso cabello, transgredía todas las leyes del clasicismo requerido, para llevar un elegante traje de corte italiano. Era demasiado largo, tanto que rozaba sus hombros, y aparecía desordenado sin orden ni concierto, ligeramente ondulado brillaba bajo los tímidos rayos de sol.

-Me alegra saber que trabajas en un lugar que tiene las ventanas fijas-mascullé.

El hombre, en principio me observó confuso, pero casi al instante estalló en una sincera carcajada, en lugar de recomponerse, se dejó arrastrar por una risa contagiosa. Terminó lagrimeando, y sacudiendo la cabeza mientras se secaba los ojos.

-Sí, gracias a dios, no me apetecería ser salvado en mitad de una caída del piso 30- hizo una pausa intencionada, sus ojos cambiaron-sobretodo porque no tendría ocasión de darte las gracias como me gustaría.

Bajé la mirada avergonzada, los recuerdos de aquel beso me había estado persiguiendo cada noche. Sentí las mejillas arder, cuando volví a mirarle, puede ver con claridad que él rememoraba aquel encuentro.

-Respecto a tu agradecimiento…creo que podría pasar sin él.

Apreté los dientes, obviamente incómoda, carraspeé y puse mi portafolios en la mesa, decidida a encaminar la conversación por el buen sendero.

Comencé a rebuscar entre los papeles para entregar mis credenciales que iban junto a la cita, y maldije para mí, al no encontrarlo. Seguramente estaría pisoteado en algún lugar del vestíbulo.

-¿Buscas esto?

Alcé la mirada y fruncí extrañada el ceño.

-Creo que se te cayó, cómo era para mí, me tome la libertad de cogerlo.

El muy truhan sonreía travieso, aquella media sonrisa maliciosa resultaba mortal. Desprendía una masculinidad subyugante, que removía los cimientos de mi contenida sensualidad. Consiguiendo que la gatita puritana y desconfiada que solía ser, se tornará en una leona hambrienta y libre de prejuicios.

Respiré hondo y busqué en mi interior la fortaleza e indiferencia que necesitaba para lidiar con un tipo cómo él.

-Me salvas la vida, recoges mis documentos,…¿he de pensar, que también vas a darme trabajo?

-Directa y clara, eso me gusta. Pero no me prives de disfrutar de tu entrevista, hacía tiempo que no me encontraba con alguien tan refrescante como tú.

-Adelante-concedí.

-Aquí no, ¿que te parece almorzar en el River café, en Brooklin?

-¿Le pasa algo a tu despacho?

Sus ojos se entrecerraron  suspicaces.

-Suele cohibir-respondió- ¿acaso desconfías de mi?

-¿De un hombre que me asalta en la playa, me reduce y me besa?

Esa condenada sonrisa de nuevo me mortificó. Chasqueó la lengua, su mirada reverberó solazada, luego fingió desaprobación y finalmente y para mi suplicio, se abrió el escote de su camisa agitándolo para, imagino, refrescarse.

-Todo se reduce a lo mismo, la múltiple interpretación de las cosas, otro punto en el que tendré que incidir si aceptas el trabajo. Verás, este hombre que te salvó la vida, participó, no mejor dicho, gozó de un beso conjunto, y recibió una, digamos despedida poco habitual, se ofrece a invitarte a almorzar en un sitio maravilloso, ¿donde está el problema?

En mi cabeza, pensé, en mi maldita cabeza incapaz de borrar las sensaciones que este hombre provocaba en mi. Sin embargo musité:

-De acuerdo, acepto tu invitación.

ventanales

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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Una respuesta a “SÁLVAME DE TI” Una invitación peligrosa (5)

  1. a ya ya iiiiiii jjajajajaajajaja xD lo amooooooo Lolaaa ♥

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