“SÁLVAME DE TI” Desayúname…13

Entreabrí los ojos lentamente, y sonreí ante los vívidos recuerdos de una noche memorable.

El denso y almizclado perfume del placer, flotaba en el ambiente, silenciosa coral del escenario de sábanas revueltas, testigos mudos de una representación sublime, cuyo protagonista principal, sonreía ensimismado, envuelto todavía en el hechizante halo de la magia creada.

–Buenos días Walkiria.

Se inclinó deleitándose en mi expresión arrobada y me besó con dulzura, al tiempo que la punta de sus dedos recorrían mi mentón.

–Buenos días, guerrero.

–Vencido– apostilló con una sonrisa.

Solté una carcajada, y negué con la cabeza.

–Fue una dura batalla, Irlanda contra España, pero creo que sería justo decir que la contienda quedó en tablas.

Liam rió, sus ojos brillaron divertidos. Alzó la cabeza hacía la ventana que daba a nuestra terraza privada, débiles haces dorados que se filtraban a través de la organza de las cortinas, bruñeron la plata de sus ojos, confiriéndole la apariencia de un ser mítico, de mirada lobuna, un peligroso depredador que captura a sus presas, sometiéndolas tan sólo con el poder de esos mágicos ojos.

Cuando de nuevo los posó en mí, me estremecí. No sólo era un hombre condenadamente guapo, varonil, e inteligente, sino que desprendía una sensualidad apabullante, una energía electrizante, una determinación implacable. Poder, eso rezumaba, un poder y una seguridad desconcertantes.

–Ahora que ya has sido mía, ahora que he probado tu hechizo, no podrás alejarme de ti.

–Ni yo querría alejarte, al menos mientras ese guerrero que llevas dentro complazca a mi Walkiria.

Rió de nuevo, sacudió la cabeza y se puso en pie. Sin atisbo de vergüenza paseé mi mirada por su cuerpo desnudo y sonreí lasciva.

–Eres increíble preciosa, y ahora….–me ofreció la mano– vas a pagar esa mirada. Vamos a la ducha, voy a desayunarte– Y de un tirón me sacó de la cama y me tomó en brazos.

Entre risas y arrumacos, un estridente sonido nos devolvió a la realidad. Era el tono de llamada de su Blackberry.

Liam torció el gesto y conmigo en sus brazos se acercó al aparador, no cogió el teléfono, pero al identificar el número su semblante cambió. Percibí su malestar, y una furia soterrada. Llevada por un impulso lo besé. Aceptó gustoso mi boca y la tomó con hambre, volcando en mí la incipiente ira que germinaba en él. La pasión se desató, cómo un tifón en alta mar, de forma súbita y salvaje.

De un manotazo despejó cuanto había sobre el aparador, móvil incluido, me sentó en él, abrió mis piernas y se hundió en mi. Le recibí igual de hambrienta. Nos tomamos cómo alimañas famélicas, y aunque en mi mente las preguntas se atropellaban curiosas, la febril pasión que compartíamos las acallaba de momento. Ahora, sólo importaba encontrar el alivio deseado, calmar el tórrido deseo que sacudía nuestros cuerpos. Entonces le oí susurrar junto a mi oído.

–Sálvame otra vez….te necesito….Dios, te necesito tanto….

Y cómo buena cristiana, respondí a su ruego.

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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