“SÁLVAME DE TI” Desconcierto….14

Desayunar en aquella terraza, abierta a un paisaje de ensueño, junto al hombre más sexy que había conocido, confería el atributo de imperecedera a la satisfecha sonrisa que me adornaba.

Liam, me servía con hábil desenvoltura un marocchino, un exquisito café expreso, con cacao en polvo y crema de leche. Frente a mí, una bandeja repleta de deliciosos manjares. Había cornettos rellenos de crema y mermelada, sabrosos amarettis, galletas de almendra y merengue, paninis de atún, huevo cocido y mahonesa, y tramezzinos, pequeños y triangulares sandwich de queso crema y prosciutto. Además, otra colorida fuente llena de apetecible fruta fresca, pelada y partida en singulares figuras geométricas, acaparaba mi atención, complicando sobremanera mi elección.

–Has de probarlo todo– animó Liam, observando divertido mi indecisión.– Por las calorías, no te preocupes, yo me encargaré de ellas.

Amplié mi sonrisa y estúpidamente un rubor asomó a mis mejillas. Acababa de pasar junto a ese hombre la noche más loca y pasional de mi vida y todavía me acaloraba esa mirada cargada de ardientes promesas. Me hacía sentir cómo una colegiala seducida por un experimentado profesor, y de algún modo sabía que aunque sólo me sacaba cinco años, su vida sexual dejaba la mía a la altura de una torpe adolescente, su destreza, control e intensidad hablaban de una larga y trabajada experiencia con las mujeres.

El intenso sol de la mañana, caía sobre el negro pelo del hombre, arrancando brillantes destellos azulados. Demasiado largo, rozaba sus hombros. Y de repente, sentí la necesidad de hundir mis manos en aquella rebelde y suave cabellera, que le otorgaba aquel aspecto fiero, salvaje y terriblemente viril que enloquecía mis, ya excesivamente despiertas, hormonas sexuales.

En mitad de aquel delicioso y suculento desayuno, por segunda vez, sonó su Blackberry.

Liam se envaró, y tras una breve pausa en la que tal vez meditaba sobre si atender la llamada o ignorarla, se disculpó y se adentró en la habitación.

Metí en mi boca una jugosa esfera de sandía, y me deleité con su refrescante dulzura. El almibarado jugo rojo que agasajó mis papilas gustativas me arrancó un gemido de satisfacción.

–Yo también adoro la sandía– escuché su voz a mi espalda– Pero prefiero comerla sobre ti.

–Desde luego nadie puede culparte de dejar pasar una oportunidad, no pierdes el tiempo guerrero.

Se acercó por detrás y besó mi cuello. Sú cálido aliento hormigueó mi piel.

–Perder el tiempo teniendo cerca una mujer cómo tú es de necios.

–Sobretodo porque un hombre cómo tú, querrá tener tiempo suficiente para todas.

Liam me tomó del brazo y me levantó de la silla. Acto seguido se sentó, y a mí sobre su regazo.

–¿Eso crees?– Inquirió con gravedad.

–¿Qué otra cosa puedo creer de un hombre que sólo busca diversión sin ataduras? Y que conste que me parece muy respetable esa postura, puesto que muestras tus cartas antes de empezar el juego, y eso es muy honroso por tu parte.

La mano de Liam acariciando distraídamente mi espalda, comenzaba a turbar mi concentración, dando prioridad al impulso de acariciar su cabello, acto que conllevaba a otros similares.

–Es lógico que pienses eso, además quiero que sigas creyéndolo, eso reforzará tu escudo.

Aquella respuesta me desconcertó, me sumergí en su felina mirada y arrugué contrariada el ceño.

–¿Tan malo es enamorarse de tí?

–Malo no se, pero doloroso seguro– respondió enigmático. Tras la máscara de imperturbabilidad con que se protegía, intuí un atisbo de pesadumbre.

–¿Lo dices porque eres incapaz de amar?– aventuré cada vez más intrigada.

 Negó con la cabeza, su ojos brillaron y sus labios se tensaron conteniendo una emoción incómoda.

–Que yo recuerde, te pedí que separaras lo físico de lo sentimental, pues no deseo una relación, ni una responsabilidad con nadie, ya que no puedo ofrecer nada. Pero no hablé de los motivos, además– hizo una pausa en la que su mirada casi me quemó, con una intensidad que me secó la garganta– mis requerimientos no se aplican a mí.

Lo miré atónita e hice ademán de incorporarme, pero él me afianzo aferrándome por la cintura.

–¿Y eso te parece justo?– repliqué soliviantada.

Liam acercó su boca a la mía, pasó su mano a través de mi pelo, agarró mi nuca y susurró con suavidad.

–Ni imaginas lo justo que es.

Y tomó mi boca con delirio, en un intento de borrar mi contrariedad, extasiada por su sabor, me sumí gustosa en un momentáneo olvido.

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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