“SÁLVAME DE TI” Rumbo a Capri…(16)

El Ferry de Positano a Capri, surcaba el mar rompiendo su plácida serenidad, con el agresivo rotar de sus hélices y la estridencia de los altavoces con una canción de Eros Ramazzotti. Podía imaginarme a los moradores de aquellas aguas aleteando asustados en su afán por huir de aquella discordante algarabía. Sin duda, el trayecto habría mejorado considerablemente en un silencioso velero. No obstante, Liam necesitaba estar en contacto con la gente para valorar diversos tipos de conducta. Observaba atento las reacciones y conversaciones a nuestro alrededor, apuntaba rápidas anotaciones en su cuaderno. Anotaciones que luego reflexionaba conmigo, y cuyas conclusiones, a menudo sorprendentes, eran seleccionadas para el borrador de su libro.

Su particular punto de vista conseguía enfocar las situaciones desde una perspectiva totalmente diferente, y sin embargo extremadamente interesante. Me maravillaba el alcance de sus pensamientos, y a pesar de no compartir algunos, admiraba su peculiar visión del mundo.

Nuestra definida relación era un modo de combinar el trabajo con el placer de manera bastante metódica y planificadora. Por el día, y fuera del hotel, era tan sólo su asistente y colega profesional,  pero por la noche, al cobijo de nuestra habitación, la pasión se desataba, convirtiéndonos en fieros e insaciables amantes, pero también en una pareja que compartía dulces gestos y conversaciones íntimas. Yo me había adaptado a esa rutina, y a pesar de sentirme tentada de echarme en sus brazos a plena luz del sol y en “horario de trabajo”, conseguía contener esos impulsos, cómo luchaba por contener los sentimientos.

Liam, también libraba su particular batalla interna. A veces, miraba con intensidad mi boca, o permanecía con expresión tensa y contenida,  embebiéndose de mí cuando reía alguna broma, sujetando el irrefrenable deseo por besarme. Yo, consciente y pérfidamente, lamía intencionada mis labios en una provocación que lo torturaba, pero era un hombre con un asombroso autocontrol, algo que imprimía en mí el deseo de tentarlo constantemente.

Me acerqué a la borda y aspiré la salada brisa marina, contemplando el paisaje, a lo lejos ya se divisaba el enorme montículo rocoso que era Capri.

–¿Es la primera vez que visita Capri?

Asentí.

Un hombre se apoyó en la baranda a mi lado, el viento alborotaba su trigueña cabellera, su azulada mirada me observó con interés. 

–Seguro que la enamorara, si necesita un guía, yo soy de allí,  puedo llevarla a conocer rincones libres de turistas.

Por cómo me miraba, dejaba claro el rincón al que quería llevarme.

–No estoy sola.

El hombre me dedicó una arrebatadora sonrisa.

–No esperaba que una mujer cómo tú lo estuviera, pero no podía dejar de intentarlo.

Tras el hombre, vi a Liam, que incómodo, observaba la escena desde su asiento.

–Agradezco el ofrecimiento, me alojaré en el Hotel Scalinatella, tal vez mi jefe me dé un día libre.

La sonrisa del hombre se ensanchó. Me ofreció cortés la mano e inclinó ligeramente la cabeza.

–Angelo Biondini a su servicio.

–Eva Ferrer.

El hombre tomó mi mano, y en lugar de besar galantemente el dorso, la giró y deposito un incitante beso en la palma. Sus ojos me taladraron con un deseo que no ocultó.

Una voz nos irrumpió, su tono seco y gélido rompió el encanto del momento.

–Y yo soy Liam O´Donnell.

–Mi jefe–añadí para el disgusto de Liam.

–Entre otras cosas–completó fulminándome con la mirada.

Decidida a ignorar su desagrado, me giré hacia el apuesto italiano y le sonreí seductora.

–Un placer Angelo.

–¿Qué tal si te busco mañana y recorremos la isla juntos?

Ambos miramos a Liam que permanecía rígido e hierático.

–¿Me das el día libre?

Liam frunció los labios, indagó confuso en mi rostro y finalmente murmuró con frialdad:

–Sólo la mañana, ahora si no te importa…Angelo, déjanos trabajar.

–Claro, bueno Eva, mañana te recojo en el hotel.

Asentí y el italiano se alejó con gesto satisfecho.

–¿Puedo saber que pretendes?– me increpó Liam con expresión adusta.

–Protegerme, creo que necesito otro escudo.

Una voz hueca y cascada proveniente de los altavoces nos anunció que arribábamos a Capri.

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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