“SÁLVAME DE TI” La confesión….19

–¿Tú hermana?–proferí boquiabierta.

Liam asintió sombrio y malhumorado.

–No soy un capullo–masculló airado–sólo un condenado egoísta que lucha consigo mismo para dejar de serlo. Pero me lo estás poniendo demasiado difícil. Adoro estar contigo, estoy enganchado a ti Eva, cómo un jodido yonqui. Ni siquiera me atrevo en pensar en lo que será de mí cuando logre alejarte.

Contemplé asombrada la afectada mirada de Liam. Me encaré con él decidida a desentrañar su misteriosa conducta de una vez por todas. Quería respuestas y por dios que las tendría.

–¿Por qué quieres alejarme? ¿Por qué te empeñas en protegerme?–inquirí furiosa–¡Joder! ya soy mayorcita para decidir si me da la gana sufrir o no, si quiero estar con un tío complicado, si deseo arriesgarme y lanzarme, incluso si la piscina no tiene agua. Mierda, ¿quien coño eres para privarme de eso? Llámame audaz, estúpida o lo que te de la gana, pero es mi vida, y yo decido en ella–Cogí aire, puse los brazos en jarras y agregué con firmeza:

–Ahora dime qué está pasando.

Liam palideció. Se pasó la mano por el pelo en un ademan nervioso. Negó confuso con la cabeza y salió a la terraza en dos grandes zancadas. Lo seguí como un molesto perro de caza acosando a su presa, no pensaba claudicar.

–No huyas de los problemas–repuse tras su espalda.

Entonces Liam soltó una carcajada sórdida, su mirada se oscureció, sus facciones se tensaron.

–Créeme, es imposible huir de mi problema. Ya lo impediste una vez y me temo que tendré que enfrentarte de nuevo.

–Dios–me quejé sacudiendo la cabeza–Me estás volviendo loca.

–¿Lo has pasado bien con…Angelo?

Aquella pregunta me desconcertó, de seguro era una artimaña para desviar la conversación, sonreí taimada.

–Si, muy bien ¿y?

–Deberías repetir, ese es el hombre que te conviene, parece un tipo predecible.

Resoplé frustrada y sacudí la cabeza.

–Ya te he dicho que soy yo quien toma las decisiones que me incumben, gracias de todas maneras.

Liam rió algo más relajado. Alargó la mano con intención de acariciar mi mejilla, pero la dejó caer antes de siquiera tocarme.

Me acerqué a él en actitud retadora, provocándole con mi cuerpo. Sabía por su expresión que se moría por tocarme, por besarme y esa contención me acicateaba el alma. Retrocedió un paso, yo avancé otro.

–¿Me temes?–susurré sensual.

–Si, aunque debería ser al revés.

–No te dejaré en paz hasta que sepa toda la verdad, ¿lo sabes no?

Sus afilados y enigmáticos ojos de gato destellaron con pesadumbre, apenas asintió. Su cuadrada y varonil mandíbula se remarcó, sus labios se contrajeron. La tensión envaraba cada músculo de su cuerpo. Respiro hondo, y tras un instante de indecisión, en el que se debatía furioso consigo mismo, por fin me tomó de la mano y me sentó en la silla de mimbre, ocupando la de enfrente.

–Bien, cuanto antes sepas la verdad antes tirarás tu escudo para salir corriendo.

–Ya comienzas a presuponer cosas, y no soy de las que corren–reproché contrariada.

–Estoy….enfermo–confesó sosteniéndome la mirada.

Me encogí de hombros.

–¿Y?

–Muy enfermo–insistió con voz grave.

Algo en mi interior comenzó a agitarse incómodo. Tragué saliva temiendo que continuara. Deseé lanzarme sobre él, besarlo, abrazarlo, seducirlo y poseerlo hasta desfallecer. Pero mantuve la compostura, preparándome para lo que se avecinaba.

–No me importa–murmuré–Sólo me importas tú, y lo que me haces sentir.

–Pues debería– Bajó la mirada, hundió los hombros en actitud derrotada. Cuando alzó sus hermosos ojos grises pude atisbar la honda tristeza que lo consumía. Luché por mantener a raya mis emociones.

–Eva–aquel débil hilo de voz me encogió el corazón–Estoy en la fase terminal de un cáncer, apenas me quedan unos meses de vida.

Aquello me sobrepasó. En mi interior se desató el caos más absoluto, la angustia amenazó con llevarme, y el dolor, uno muy intenso por cierto, me zarandeó implacable. Guarde silencio, devastada por las emociones. Supe que no necesitaba nada de lo que sentía en esos momentos, ni pena, ni compasión, ni dolor, ni siquiera un abrazo. Permanecí hierática, asimilando aquel varapalo, pues lo que sentía en mi pecho era ya algo imparable. No obstante, me recompuse y musité con entereza:

–Sigo odiando correr. Prefiero caminar, y si es de la mano de alguien que quiero, mucho mejor.

Liam sonrió con la mirada húmeda. Alargó por fin su mano y me acarició el rostro.

–Deberías odiarme ahora mismo, yo lo hago por haberte arrastrado hasta aquí para seducirte.

–Pues podrías haberte ahorrado el viaje–contesté sardónica– Ya me sedujiste en la playa, un beso fue suficiente.

Sonreí aviesa, me levanté y me senté sobre sus rodillas, envolviendo su cuello con mis brazos.

–O eres una necia o la mujer más valiente que existe.

–Cómo dijo Platón: “No hay ser humano, por cobarde que sea, que no pueda convertirse en héroe por amor”

Y lo besé apasionada.

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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2 respuestas a “SÁLVAME DE TI” La confesión….19

  1. conchy dijo:

    Empeze a leer la histia de lian y eva pero no entiedo como va si doy al siguiente creo q se salta capitulos q no he leido estoy perdida algien q me pueda explicar como hacerlo correctamente.gracias

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