“SÁLVAME DE TI” EN EL FRAGOR DE LA BATALLA

Era la quinta vez que vomitaba.

Tras unos meses con el tratamiento, Liam había desmejorado visiblemente. La deslumbrante sonrisa que se había forzado por mantener languidecía con el paso de los días, su humor se agriaba y su ánimo flaqueaba. En mí, perduraba la fuerza, no sabía si debida a la rabia, la frustración y la impotencia, o simplemente porque nacía de mi como una arma ante la flaqueza y el desánimo, un arma que enarbolaba a cada instante, con sonrisas despreocupadas, conversaciones triviales y mimos continuos.

Liam, solía encerrarse en el cuarto de baño durante horas, ocultando de mi vista su sufrimiento, más no de mi corazón que se encogía dolorido, ante su cada vez más acusado, aislamiento. No sabía como afrontar la situación excepto respetando su deseo de sufrir en silencio, y estrangular las ganas que sentía de llorar durante esas angustiosas y largas noches, mirando la puerta del aseo con ganas de derribarla a patadas. Y no era lo único que tenía ganas de golpear, pues si el destino tuviera cara, yo se la borraría con mis puños. No obstante, había algo que sí tenía cara, pero que era inalcanzable a mi ira: los rostros de los directivos de las grandes multinacionales farmacéuticas, esos que anteponían el dinero a la vida, esos que a costa del sufrimiento ajeno engrosaban sus cuentas en Suiza. Esos, que vetaban a jóvenes científicos que habían hallado la vacuna contra el cáncer, una cura tan simple y barata que no interesaba a nivel comercial, no, claro que no, pudiendo vendernos tratamientos inútiles, letales y carísimos, aquella solución ni siquiera era plausible. Era mucho más rentable mantener una sociedad enferma y adicta, para nuestra desgracia. La podredumbre humana estaba acabando con la especie, paradójico.

Suspiré trabajosamente, la piedra en mi pecho pesaba cada día más, y por mucho que la ignoraba, tiraba de mi, casi sin apercibirme de ello. Me acerqué a la puerta, apoyé en ella las palmas de mis manos y mi frente y cerré los ojos, no se escuchaba nada proveniente del interior, sin embargo, sentía su dolor. 

Una voz en mi interior me dijo que volviera a la cama, pero mi lado combativo aquella noche la desoyó.

–Necesito pasar–musité suavemente.

Tras un breve instante escuché un leve rumor, una tos y su voz.

–No.

–Liam, por favor….

–Vuelve a la cama.

–Sólo quiero abrazarte–Mi voz comenzaba a desgarrarse, luché por controlarla–Deja que te abrace, no me apartes de esto.

Esperé una respuesta que no llegó, las lagrimas quemaban mis ojos, la necesidad de estar entre sus brazos me quebraba.

–Liam….

Entonces, vencida por la impotencia, aporreé la puerta con todas mis fuerzas, con vehemencia inusitada.

Escuché el pestillo y me detuve.

Liam abrió la puerta y me observó abatido, cabizbajo y con el rostro constreñido de dolor.

–No puedes hacer nada por mi, nadie puede.

Me lancé a sus brazos, él trastabillo y se apoyó en el quicio de la puerta, asustada por su extrema debilidad lo sostuve e intenté llevarlo a la cama. Él, se resistió, lo solté.

–¡Basta!, Basta, ¿me oyes?–gritó furioso–¡Maldita sea! ¿acaso no ves en lo que me he convertido? En una jodida sombra, en un puto fantasma, estoy muerto ya, sólo que camino y respiro. Sólo hay una cosa en mi vida, Eva, dolor. Y ya he aguantado el suficiente.

Hice ademán de acercarme, alzó una mano para detenerme. En su semblante pálido y demacrado vi con espanto su decisión.

–No vas a dejarme–susurré con determinación.

–Eva, ninguno merecemos esto, pero es lo que tenemos. Incluso he dejado de ser tu amante, mi cuerpo no me lo permite. Tampoco puedo ser tu compañero, mi mente está muy lejos de aquí, dime ¿qué soy?

–El hombre que amo.

Liam bajó la mirada, y negó con la cabeza, su pelo negro, demasiado largo, cayó sobre su rostro, ocultando su expresión.

–Ya ni siquiera soy un hombre, no soy nada, tan sólo el juguete del dolor, la marioneta del destino, un espectro que vaga, un alma en pena, nada que pueda hacerte mínimamente feliz.

El dolor me sacudía, la angustia me ahogaba, la pena me torturaba, y aún así me aferraba a aquel momento, con temor de que fuera el último.

–Eso he de decidirlo yo–logré musitar.

Liam alzó el rostro lentamente y sostuvo mi mirada, sus hermosos y acuoso ojos grises reflejaban con absoluta claridad el tormento que sufría.

–¿Eres feliz, Eva? Sé sincera contigo misma, yo ya sé la respuesta.

Asentí con violencia, y en aquella vehemencia, en aquel enfático gesto, perdí el control. Los sollozos fluyeron incontrolados, me flaquearon las rodillas, sentí que a mis pies se abría un abismo, y lo peor es que deseé caer en él.

–Me….me conformo con estar a tu lado–gimoteé–…sólo pido eso a la vida….Esto es sólo un bache, una prueba…que….superaremos…sólo…..sólo te pido que me dejes estar….a tu lado…..te lo suplico.

–Liam ya no está, esto que tienes frente a ti, ya no es él.

–¡Nooooo……

Quise acercarme, pero él retrocedió. Me asombró su aplomo, su decisión, su contención y aquel asombroso vigor, fue lo que terminó de romperme.

Caí de rodillas ante él, cómo un musulmán ejecutando su salat diario.

Liam se dejo caer frente a mi y tomó mi cabeza entre sus manos, con los pulgares intentó secar el torrente que manaba de mis ojos.

–Amor mío, sólo me queda una cosa–comenzó con mirada turbia– y es la dignidad, no soporto apagarme ante tus ojos, mi único alivio es la soledad, quiero luchar sólo, es mi batalla, sólo mía, pues por mucho que lo evite, siento que te arrastro conmigo, y eso….eso jamás lo permitiré.

–No peleas Liam, ….te estás rindiendo, …..y encima esperas que me quede de brazos cruzados–repliqué hipando.

–No, mi amor, no vas a quedarte con los brazos cruzado, vas a vivir por mi.

Me abracé su cuello con la desesperación de un náufrago, con el fervor de un peregrino, con la pasión de un penitente, con la necesidad de un sediento, la pesadumbre de un pecador ante la cruz y con el alivio de una madre que reencuentra a su hijo, ese apasionado abrazo que sella almas y enlaza corazones con la esperanza de retener para toda la eternidad aquel sentimiento.

No sé cuánto tiempo permanecimos abrazados llorando, sólo sé que Liam acercó mi boca a la suya y me besó con la entrega del condenado, un beso agridulce, apasionado, y doloroso, un beso que me rompía el alma, un beso verdugo, esclavo y cruel, por su significado, por lo que deparaba, por lo que arrebataba y por lo que recordaba.

–Ya no soy tu salvadora…–pronuncié con voz rota.

–No–afirmó él–Ahora soy yo el que te salva.

–No voy a darte las gracias.

–Mi conciencia me las da por ti–adujo poniéndose en pie, aquel simple gesto, apuñaló mi atribulado corazón todavía más.

–Jamás te perdonaré.

–Jamás es una palabra demasiado grande para mi.

–Ahora la muerta soy yo.

Liam que caminaba hacia la puerta del apartamento se detuvo. Apenas giró su rostro hacia mi.

–Puede, un tiempo al menos, pero vivirás de nuevo, y cuando lo hagas, esté donde esté, sonreiré.

No escuché la puerta cerrarse, sólo mis agitados y atronadores latidos, que se habían convertido en punzadas lacerantes. Sangraba, lloraba, moría….mi alma y mi corazón….ya no eran míos.

 

 

 

 

 

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Acerca de nerolloil

ESCRITORA ROMÁNTICA
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6 respuestas a “SÁLVAME DE TI” EN EL FRAGOR DE LA BATALLA

  1. Uf, me ha dejado hecha polvo, qué dolor más grande, espero que tenga un final feliz. Besos, sigue así!!

  2. Quedé con un nudo en mi garganta. Que intenso y doloroso momento.

  3. Uffff muy bonito, pero inmensamente triste! Gracias Lola

  4. Cuanto dolor… Qué hombre tan egoísta…, él metió a Eva en este lío y ahora sale con estas… Qué enfermedad tan cruel… pero nunca se deben perder las esperanzas…

  5. Mar Chavez dijo:

    LOLAAA!! Me encanto esta historia de amor, tristeza e impotencia.. porque siempre me haces llorar?? mira que yo no soy llorona pero,,cero y van dos .. primero mi lobo y ahora esto!!!
    GRACIAS por compartir tu magia con nosotros…
    Tu Loba de Gunnar….

  6. vallu95 dijo:

    Yo hecha un mar de lágrimas! !!!

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