“SÁLVAME DE TI” ¡ALÉJATE MALDITO!…27

El restaurante no podía ser más íntimo, más pintoresco, ni más romántico.

En un rincón, rodeados del suave ronroneo de una pequeña cascada que brotaba de la pared, camuflada por musgo, líquenes y unas curiosas florecillas violetas, estudiábamos la carta, mientras Diego acariciaba distraído el dorso de mi mano.

–¿Cómo descubriste este sitio?

Alzó sus oscuros ojos y me sonrió enigmático.

–Hace tiempo que buscaba un lugar especial para sorprenderte con esta cena.

–Especial es–reconocí–pero sobretodo porque estoy contigo.

Diego se medio incorporó me tomó de la barbilla y plantó un sonoro beso en mis labios.

–¿Te he dicho cuánto, cuánto te amo?

–Me lo has dicho–confirme sonriendo de medio lado.

–¿Y te he dicho lo deslumbrante que estás esta noche?

–Eso no.

–jajajajajajaj…pues lo estás–afimó  cautivado– Tanto, que los platos de este renombrado chef, no serán los únicos que devoraré esta noche.

–Mmmm…..suena bien.

–jajajajajaja…sabrá mejor.

Enlazamos las manos regalándonos unas sonrisas enamoradas, cuando apareció un estirado maitre, con una servilleta en su antebrazo, y una botella de vino que nos mostró sonriente.

–Un excelente Muga tinto del 2005, por cortesía de ese caballero.

Ambos seguirmos la mirada del maitre.

Cuando le vi, la sangre se paralizó en mis venas, mi corazón dejó de latir, y mi estómago se revolvió. Intenté tragar saliva, pero mis músculos no respondían.

Diego alzó la copa y asintió en señal de agradecimiento. El maitre sirvió con eficiencia el vino primero en la mía, con el brazo tras el cuerpo en correcta postura, sin apercibirse del terremoto de emociones que me sacudían. Diego bebió un trago corto, con algo de desconcierto, y cuando depositó la copa en la mesa se dirigió a mi en un susurro.

–¿Lo conoces?

Negué de inmediato con la cabeza, mientras contemplaba anonadada la pérfida sonrisa de Liam.

Iba de etiqueta, con un smoking que se ajustaba a su cuerpo a la perfección. Con su negro cabello reluciente y metódicamente peinado hacía atrás, con mirada aviesa y semblante complacido. Tan endiabladamente apuesto que cortaba el aliento.

Reprimí el impulso de levantarme y lanzarle a la cara el contenido de mi copa. A cambio le devolví la sonrisa con cinismo, atravesándolo con una mirada letal.

–Imagino que le gusta agasajar a los enamorados–aventuró Diego–Disfrutemos del regalo, cielo.

Alzó la copa para brindar, cuando logre acercar la mía a la suya me percaté de que me temblaba el pulso, sentía la mirada de Liam fija en mi.

Bebí apenas y dejé la copa, mientras enterraba mi mano en la servilleta de fino algodón.

–Ya he reservado el viaje de novios–anunció jovial Diego–Quiero sorprenderte, no sabrás a donde vamos hasta que subas al avión.

Siguió hablando, imagino que sobre la boda, porque mi atención estaba a unos pasos de allí, en la mesa donde se hallaba Liam.

Miraba de soslayo, constantemente sólo para comprobar que sus afilados ojos de gato, tan plateados como el tenedor que se llevaba a la boca, me recorrían con abrumadora intensidad.

–Cariño, ¿te encuentras bien?, estás pálida.

–Perfectamente–mentí–Pero necesito ir al baño.

Me puse en pie, arrastrando con las palmas de las manos,  la tela levemente arrugada en mis caderas. Lamenté llevar aquel ajustado y corto vestido negro. Era incómodo y pasaba la mayor parte del tiempo pendiente de que el pronunciado escote en V, no mostrara más de lo que ya mostraba, y de no agacharme bajo ningún concepto. Pero a Diego le encantaba, sobretodo cuando me lo ponía con aquellos tacones de aguja tan altos, y el pelo recogido en la nuca. Casi me lo había exigido para esta noche tan especial, nuestro aniversario.

Pasé, indefectiblemente por la mesa de Liam, sin dirigirle la mirada y me encerré en el aseo de señoras, con el rostro arrebolado, y mariposas aleteando en mi interior.

Me incliné sobre el lavabo y refresqué mi nuca, me miré en el espejo. Me brillaban los ojos, y mis mejillas estaban sonrosadas. Tenía calor, mucho calor.

Respiré hondamente, solté el aire contenido y sacudí la cabeza. ¿Qué demonios se proponía? ¿Me seguía? ¿Qué, en nombre de dios?

–¿Has visto a ese tipo de ahí fuera?–comentó una mujer a otra entrando en el aseo.

–¿El que está solo?, para no reparar en él. La que lo haya plantado debe de estar mal de la cabeza.

–Te digo que no me voy sin invitarlo a una copa–repuso la amiga, guiñando cómplice el ojo.

Supe en el acto a quien se referían, guapo, sólo y con planta, todo un cebo para cazadoras.

Mesé mi cabello y salí con paso ligero.

Antes de salir del pasillo que daba a la sala central, Liam apareció de la nada, apresó mi brazo con fuerza, y me arrastró de nuevo hacia el pasillo. Pero esta vez hacia la puerta del fondo. La abrió y me introdujo en una estancia minúscula, donde guardaban útiles de limpieza.

–¿Has perdido el juicio?

–Sí, y llevo cinco años buscándolo.

Se abalanzó sobre mi y me besó con fervor.

No esperé aquel asalto, como no esperé que mis condenados dedos se enredaran en la suave mata de pelo que rozaba sus hombros. Tampoco preví, que mi boca se abriría a la suya y que mi traidora lengua se frotara lujuriosa y hambrienta contra la del hombre. Pero lo que menos imaginé, es el feroz deseo que recorría mi cuerpo como una oleada de magma volcánico cubriendo un desolado valle.

Clamé a mi sentido común, grité a mi sensatez, rogué a mi buen juicio, pero todas y cada una de mis súplicas era cruelmente desoídas en pos de un deseo atroz y despiadado.

Sentí sus manos buscando mi piel, contorneando cada curva, deslizándose entre mis piernas, y yo solo fui capaz de gemir entregada y de ser asaltada por un un instinto salvaje y apremiante. Lo deseaba y lo deseaba ya. Le arranqué los botones de la camisa con fiereza y mordí la suave curva de su cuello. Llevé mis manos a su bragueta y palpé su cálida dureza con desespero.

Liam jadeó en mi boca. Sus labios era duros, voraces, su lengua exigente, su pasión descontrolada. Sus dedos se clavaban en mi carne con hosquedad, presos del hambre y de una desesperación brutal. Deslizó su mano entre mis muslos, y me arrancó con gesto impaciente y de un brusco tirón el tanga.  Paseó sus dedos por los húmedos pliegues de mi femineidad, acariciando, frotando, enloqueciendo mis sentidos. Me arqueé convulsa, sumida en su éxtasis electrizante. Liam liberó mis senos y mordió con suavidad los pezones, erectos, suplicantes, creí desfallecer. Derramé en su boca mis entrecortados jadeos como derramé en su mano mis ininterrumpidos orgasmos.

De pronto, alzó mi pierna, la enlazó en su cadera, y me penetró de un sólo movimiento brusco, profundamente mientras también hundía sus mirada en mi. Una y otra recibí gustosa sus continuados y brutales embates, que me sumían en la neblina pesada y opresiva de un placer agonizante. Sentí vibrar cada terminación nerviosa, mi cuerpo se tensó hasta estallar en un largo y catártico orgasmo. Liam emitió un ronco y quebrado gemido, acompañándome en un éxtasis indescriptible, sentí como me invadía su cálida simiente y como mis tejidos se cerraban en torno a él. Me anclé a sus hombros, escondiendo mi arrobado rostro en su pecho.

Abrazados, e inmóviles, jadeábamos acompasados.

–¿Por qué?

Liam tomó mi barbilla y la alzó. Encontré una mirada turbia y penetrante.

–Por que decidí recuperar lo que la vida me arrebató.

–Ya es tarde, soy de otro hombre.

Liam sostuvo mi mirada, con expresión concentrada.

–Si de algo estoy seguro, es de que eres mía, de nadie más.

Me aparté de él airada, mientras me acomodaba el vestido.

–Esto no significa nada–murmuré ceñuda.

–Esto, lo significa todo.

–¡Aléjate maldito!

–Cinco años ya fueron suficiente.

Lo empujé liberando mi furia y mi frustración.

–¡Me dejaste!–increpé

Liam me sonrió con infinita tristeza.

–No, mi amor, te salvé.

Negué con vehemencia, sentí que las lagrimas anegaban mis ojos.

–Mi único salvador está ahí fuera,  acabo de traicionarlo y te odio por eso.

–No te engañes más…a mi tampoco me funcionó–replicó con decisión.

–¡Mántente alejado de mi!–le grité mientras abría la puerta.

–Si la muerte no lo consiguió, no creo que tu lo hagas.

Me alejé a la carrera, huyendo de aquel hombre, de lo que sentía y de la acechante traición que apuñalaba mi pecho.

– Nunca–escuché tras de mí.

 

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Acerca de nerolloil

ESCRITORA ROMÁNTICA
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5 respuestas a “SÁLVAME DE TI” ¡ALÉJATE MALDITO!…27

  1. Luz Nava dijo:

    Lola, hermosa!!!! que eres única… mira que me has dejado con ganas de MÁS… y si definitivo tu imaginación puede volar con ese más… eres grandiosa… no me queda más que esperar para otro fragmento de esta historia tan apasionada… 😀

  2. Sunako Chan dijo:

    Todavía, estoy en Shock. Siento mucha tristeza por Eva, su corazón pertenece a Liam por mucho que Diego sea buena persona. Sin embargo, el tiempo es mal amigo del amor si no lo cuidas. Me ha encantado el capítulo de hoy. ¡Muchas Gracias por compartirlo!

  3. Mar Ch dijo:

    UFFFF.. no podía ni respirar en todo el capitulo.. me a encantado!!!

  4. victori dijo:

    Que bueno, churri! Me tienes en ascuas, queriendo cargarme a Lían y saber donde estaba metido.

  5. Adriana dijo:

    Noooooo, aquí queda? Quiero más, necesito más!
    Excelente historia, me tienes completamente enganchada y pendiente.

    Saludos desde Perú!

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