SÁLVAME DE TI….” NUNCA DIGAS NUNCA….. 30

Sonaba una canción que me encantaba…una remezcla de Beyonce y Sean Paul, “Baby boy”, la sala estaba penumbrosa, abarrotada y animada. La pista estaba repleta de cuerpos cimbreantes que vibraban al ritmo de los sensuales acordes de la canción. Necesitaba aliviar la tensión que se acumulaba en mis músculos, la ansiedad que circulaba por mis venas y los nervios que constreñían mis sentidos.

Me sumergí en aquella marea acompasadamente rítmica de gente y comencé a bailar moviendo melosa las caderas, me dejé llevar por los compases de la canción. Cerré los ojos y dejé que mi cuerpo tomara el control, sentí como la música me invadía, me ondulaba, me relajaba. Alcé los brazos y me arqueé, mis clases de danza del vientre dieron esa noche sus frutos, mis caderas marcaban los movimientos con vehemencia y fluidez, mostrando una destreza, que pocas veces mostraba fuera de las clases, pero ahí, entre tantas personas, sumida en una sugerente y colorida oscuridad, y deseosa de liberar todas mis inquietudes me dejé llevar como nunca antes.

De repente, un cuerpo se pegó a mi espalda, siguiendo mis movimientos. Me tensé, pensando que era él, y cuando me giré, me encontré con una chico muy guapo, mulato, de piel brillante y sonrisa arrebatadora. Le devolví la sonrisa, me tentó a seguir bailando, y lo hice.

Ambos iniciamos una danza rezumante de sensualidad, y nos embriagamos en aquellos turbadores movimientos que frotaban nuestros cuerpos. No me importó su cercanía, ni que sus manos apresaran con tanto ahínco mis caderas. Bailaba como los ángeles, imitando a la perfección mis movimientos. Aquella gracia natural me animó, más si cabía, y acompañada, me distendí completamente en aquel baile, disfrutando de cada paso.

La canción acabó, y enlazamos con la siguiente, también de Sean Paul, esta vez junto a Blu Cantrell, “Breathe”, igual o más sugerente que la anterior. Sonreí divertida a mi compañero de baile, cuando me topé unos ojos de hielo derretido, que me detuvieron.

Estaba apoyado indolente en una columna, a un lado de la pista, con las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros de cintura baja, y una pierna cruzada por delante de la otra, parecía engañosamente relajado, pero en su rostro pude observar la tensión que brotaba de él, una tensión tan sexual, que casi sentí como mi cuerpo se derretía ante la excitante energía que manaba de cada poro de su piel.

El chico con el que bailaba se ciñó a mi, acentuando sus armoniosos y sugerentes compases. Decidida a olvidar a mi particular y ardiente espectador, reanudé el baile, forzando una sonrisa divertida.

Danzamos con empeño, disfrutando de cada ondulación, de cada acorde, de cada roce, hasta que una mano atrapó mi brazo y me detuvo.

Sonrió de medio lado, fulminando con la mirada a mi compañero de baile.

—Ya estoy aquí cariño—murmuró sin dejar de mirarle—Gracias, amigo, pero ya tiene con quien bailar.

El chico me miró confundido y contrariado, esperando quizá, que rubricara con algún gesto las palabras de Liam. No obstante, no me dio tiempo ni a rechistar.

Liam me tomó de la cintura y me estrechó contra su pecho, comenzó a contonearse contra mí, siguiendo con asombrosa habilidad el ritmo de la canción. Algo eléctrico recorrió mi espina dorsal.

Clavó su hambrienta y flamígera mirada en mi rostro, recorriéndolo con lentitud, aquella mirada acariciadora me erizaba la piel. Quise apartarle de mi, quise gritarle, quise correr, pero fui absolutamente incapaz de romper el hechizo de aquellos mágicos y brillantes orbes de plata que me ataban a él, con el sortilegio de la pasión a la que sometía mi cuerpo.

Bailamos, rozándonos en una danza erótica, que encendió nuestros sentidos, nublando mi entendimiento. El deseo explotó en mí, cómo el primer chupinazo de unos fuegos artificiales, de manera abrupta y sorpresiva, rotunda y cautivadora. Hipnotizada por la magnitud de sensaciones que devastaban mi cuerpo, anulando mi consciencia, no me moví cuando él descendió sus manos por mi espalda y contorneó mis nalgas, clavando en ellas sus dedos, apretando contra mi vientre la dureza de su propio deseo, cálida y palpitante.

—Me vuelves loco, incluso cuando estás lejos de mi—susurra en mi oído, su aliento aceleró mi ya agitado corazón—No imaginas lo que es tenerte así, siento que me rompo, que tengo que luchar para no deshacerme delante de ti, me consumes nena.

Sus labios rozaron la piel de mi cuello, no pude evitar dejar escapar un gemido.

—Te deseo tanto que me duele—añadió, esta vez tomó mi lóbulo entre sus dientes, sentí que me flaqueaban las rodillas—Te amo tanto que muero sin ti.

—Por favor….no—gemí suplicante—Aléjate de mi…te lo ruego, lo nuestro acabó.

Negó con la cabeza, me miró de nuevo a los ojos, con la intensidad de un depredador, su mano tomó mi nuca y me acercó a su boca. Me detuvo a escasos milímetros de sus labios.

—No puedes pedirme que me deje morir de nuevo, ya me arrepentí lo suficiente la primera vez.

—Liam…..

—Eva, deja de resistirte, lo nuestro nunca acabará, nunca.

Fijé mis ojos en sus labios, mullidos y suaves, agoté mis fuerzas conteniendo las ganas de devorarlos.

—Nunca digas nunca….—murmuro debilmente.

Liam sonrió seductor, de pronto, la determinación en sus ojos refulgió con más intensidad.

—De acuerdo, no lo diré, voy a demostrártelo cuántas veces sean necesarias.

Y atrapó mi boca con una voracidad sobrecogedora. Dejé escapar un gemido sobresaltado, que él aprovechó introduciendo su lengua en mi interior. La pasión se desató como se desatan los grandes tornados, con una súbita violencia que devasta todo a su paso. Todo voló, mi vida, Diego, la gente, la música, el dolor, el resentimiento, el rencor. Sólo hubo lugar para una sola cosa, el hambre y la desesperación.

Nos besamos con un incontenible frenesí, nos acariciamos hoscamente, quemados por una necesidad desgarradora, liberamos cuánto sentíamos. Sentí que me arrastraba a un rincón sin despegar su boca de la mía, sus manos de mi cuerpo y no me importó, nada me importaba cuando me tomaba entre sus brazos, nada.

Me atrapó contra la pared, y cubriéndome con su cuerpo, me ocultó de ojos curiosos. Sus manos arrancaron toda brizna de conciencia, su boca devastó cualquier duda, sus manos encendieron una lengua de fuego que recorría cada terminación nerviosa, abrasando cada molécula de mi cuerpo. Le necesitaba dentro de mi, con una urgencia que me desquiciaba. No hubo luchas internas, ni pensamientos traidores, sólo un deseo brutal que me zarandeaba vilmente, como una frágil rama azotada por un viento de tormenta.

—Liam…—gemí desesperada.

—Nena—gruñó—me matas….

No hizo falta nada más, me arrastró fuera del local, dejamos todo, abrigos, mi bolso, mi resistencia y nos colamos en el primer hotel que encontramos. Entre besos, logró pedir una suite, y casi me desnuda en el ascensor. Me aplastó contra la pared devorándome mientras introducía a ciegas la tarjeta magnética en la puerta de la habitación.

—No va a quedarte ninguna duda de que eres mía, y que siempre lo serás.

La puerta se abrió y me empujó dentro, ya llevaba la camisa desabrochada, y la estrecha falda arremolinada en mis caderas, no llegamos a la cama, caímos en la alfombra, y en un paroxismo enloquecedor.

Era suya.

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9 respuestas a SÁLVAME DE TI….” NUNCA DIGAS NUNCA….. 30

  1. Sunako Chan dijo:

    Definitivamente, Liam es un amor. ¡Muchas gracias!

  2. Natalia Isabel dijo:

    Diossss Miooooo!!!!!!

  3. Emily dijo:

    Odiando y amando a Liam, quiero mas !!!

  4. Ana dijo:

    Dios mio me muero, definitivamente Lola eres la mejor…..

  5. Ana dijo:

    Dios mio , definitivamente Lola eres la mejor…..

  6. fernanada lodi dijo:

    Noooooo no me dejes así Lolaaaaaaa!!! Te lo pido por Dios! Se buenita! 😉

  7. Tan hermosoooooo… Liam te amooool ♥♥♥

  8. carina dijo:

    Uauuuuuuuu!!! Idola ,Lola ! Que caloooor!

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