“SÁLVAME DE TI”….DESCONFIANZA…33

El cielo acompañaba mi ánimo.

Negros nubarrones oscurecían la mañana, y un viento frío sacudía las copas de los árboles, destilando una humedad eléctrica que impregnaba el aire con un aroma vivificador, claro signo de la inminente tormenta que se avecinaba.

Aspire largamente, invadiendo mis fosas nasales de ese peculiar olor que adoraba. Caminaba por una avenida de tilos, con las manos metidas en los bolsillos de mi chaqueta de punto, disfrutando de la caminata, y sintiéndome distinta.

Saber que algo palpitaba en mi interior, que un ser se estaba formando en mi vientre, era una sensación extraña aunque gratificante. No albergaba duda alguna sobre la paternidad de ese bebe, si estaba de dos meses, evidentemente era de Diego. Pensé en lo paradójico del destino, en cómo te sorprende cuando más tranquila es tu vida, en cuando desordena sin piedad el castillo de naipes que tanto nos esforzamos por construir. ¿Y qué hemos de hacer, luchar contra la providencia, o adaptarnos a ella? ¿Permanecer indolentes sin construir nada, esperando que su caprichosa brisa nos lleve? ¿O empeñarnos en construir una y otra vez enfrentando su terquedad con la nuestra? 

Mi abuela siempre aconsejaba que las decisiones tomadas con el corazón, aunque erróneas, eran las acertadas. Pero, ¿cómo escuchar al corazón, cuando su elección provocaba daños colaterales? ¿Cómo separar a un niño de su padre? ¿O cómo conseguir equilibrar su crianza entre dos hombres que se han convertido en rivales?

Nada era fácil, cualquiera de las dos opciones suponía un sacrificio para alguien. No, no podía privar a Diego de su paternidad, y no lo haría, de la misma manera que no podía ofrecer a mi hijo una vida basada en el sacrificio de mi alma.  Debía ser ante todo coherente conmigo misma, no es que no amara a Diego cómo él se merecía, es que jamás dejé de amar a Liam, incluso creyéndole muerto, y a pesar de mi rencor hacía él bastó una sola de sus miradas, uno sólo de sus besos para desatar la venda con que había cubierto mis ojos de una ilusión insostenible.

El viento arremolinó hojas en torno a mis pies y elevó mi cabello cómo si quisiera hacerme levitar. Me abracé a mi misma y aceleré el paso. Me detuve en un semáforo y esperé el muñequito verde cuando los vi salir de una cafetería.

Luisa y Liam, conversaban muy juntos, casi entre susurrros, con una confianza inusitada. Aquello me desconcertó, los seguí con la mirada y logré verlos metiéndose en un taxi. El semblante de Liam era serio y alerta, el de Luisa, sonriente y complacido. Aquella situación puso un nudo en mi garganta. ¿Qué estaba pasando?

Me giré y me senté en un banco de la avenida. El aire silbaba entre las copas de los árboles, y una lluvia fina comenzó a caer casi con timidez.

Saqué el móvil de mi bolso, y marqué el número de Luisa. Me contestó al tercer tono.

—Dime Eva, ¿cómo estas?

—Bien, ¿donde estás? Necesito hablar contigo.

Se escuchó un susurro ininteligible, cómo si hubiera tapado el el altavoz con la mano.

—Eh..estoy en casa, pero ahora no puedo salir. ¿Qué tal esta tarde?

—Me parece bien, pero he llamado a tu casa y no me lo has cogido—mentí, esperando su reacción.

—Estaría en la ducha, ¿donde quedamos?

Por alguna razón levanté la mirada y la fijé en la cafetería de la que acaban de salir.

—En el café de Venecia a las cinco.

Se escuchó perfectamente cómo ahogaba una exclamación, y en ese momento, mi estómago se agitó convulso, el pulso latió en mi sien acelerado, provocándome un agudo malestar.

—De acuerdo—musitó—Allí nos vemos, te dejo, tengo que salir.

Cuando colgué, me sentí presa de un desasosiego opresivo, no me moví durante un buen rato, la lluvia ya empapaba mi cabello cuando el móvil sonó sacándome de mi ensimismamiento.

—Diga.

—¿Cómo te encuentras?

La voz de Diego, sonaba desgarrada y abatida.

—Bien, ¿y tú?

—Confuso, enfadado y arrepentido.

—Y yo soy la culpable de esos tres estados.

—No—replicó con vehemencia—Tú no, ese hombre nos ha arrebatado la vida a los dos….—hizo una pausa en la que escuché su respiración profunda—Yo….te amo tanto…que no soporto la idea de perderte y más ahora….Eva, escúchame, quiero ser el padre de ese niño, quiero cuidarte y darte mi vida, él no tiene ya ningún derecho a zarandear tu existencia, y menos presionarte en el estado en el que te encuentras. Si fuera un hombre, se apartaría de tu lado, aceptaría que llegó tarde, que su oportunidad pasó. ¡Por el amor de dios, llevas a mi hijo en tu vientre! ¿Tienes idea de cómo me siento?

Cerré los ojos, y de alguna manera, sentí su dolor, que se sumó al mío, lacerando mi alma.

—No sabes cuánto lamento todo esto, tú menos que nadie mereces esto. Me siento una basura por hacerte esto, pero creo que mereces a alguien que sea capaz de ofrecerte lo mismo que tú das, es lo justo.

—No, lo justo es vivir junto a la mujer que amo, y criar a mi hijo juntos, como una familia.

—¿Prefieres vivir con una mujer que no te ama lo suficiente?¿Preguntándote sí estoy pensando en Liam cuando me beses? No creo que quieras eso para ti.

—Te quiero a ti Eva, y si he de sufrir por ello, lo haré con gusto. Dime, ¿qué sabes realmente de él? Han pasado cinco años, puede haberse convertido en otro hombre, de hecho es lo más probable. ¿Te fías de él? ¿Qué sabes realmente de su vida? 

Nada, pensé, excepto su periplo por el mundo, su lucha con la muerte y apasionado regreso. Aparté mis funestos pensamientos y suspiré hondamente.

—Sólo sé que lo amo, y que siempre lo haré.

Otra pausa, esta mas larga, más incómoda y más tirante, me sentía cómo una cruel verduga, insensible e implacable. Me aferré al convencimiento de que un empujón decisivo, era necesario para evitar choques infructuosos y dolorosos contra una pared que había cobrado consistencia en apenas unos días.

—Creo que te equivocas, por mi parte decirte que lucharé por mi hijo….y aunque parezca estúpido…por ti—anunció con voz estrangulada. Colgó dejando un peso en mi pecho y lágrimas en los ojos.

Llevada por otro impulso, marqué el número de Liam.

—Eva—su voz sonó entusiasmada, casi pude sentir su alivio.

—¿Donde estas?—pregunté estrujando mis dedos contra el bolso.

—Llegando al hotel.

—¿Puedo ir a verte?

—Naturalmente.

—¿Donde has estado?

Otra pausa, un carraspeo y una risita sofocada y femenina que crispó mis nervios.

—Dando una vuelta—murmura algo tenso.

—Bien, ahora nos vemos.

Y tras esas palabras secas, cuelgo, completamente indispuesta y confusa.

La lluvia arrecia, me levanto y corro a parar un taxi. 

Ya en el coche, pienso. Y cada pensamiento ensombrece mi ánimo más si cabe, con una desconfianza que me estrangula y un miedo que seca mi garganta. La ciudad se desdibuja a su paso por la ventanilla, así como la precipitada decisión por la que me decanté apenas unos instantes. Busqué en mi interior toda la confianza de la que fui capaz, y durante el trayecto, decido ser fría y objetiva. El primer varapalo a mi determinación lo sufro cuando el taxi se detiene en doble fila y mientras  pago al amable conductor, y veo a Luisa salir apresurada y temerosa de la recepción del hotel, indagando inquieta a un lado y otro antes de correr bajo los techos de los edificios. Desaparece rauda en la primera esquina.

—Mierda—mascullo malhumorada.

Salgo del vehículo y entró en el hotel con paso firme.

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Acerca de nerolloil

ESCRITORA ROMÁNTICA
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2 respuestas a “SÁLVAME DE TI”….DESCONFIANZA…33

  1. aayyyyyyyyyyyyyyyy Lolitaaaaaa 😥 :@

  2. Natalia Isabel dijo:

    pues lo mato y después pregunto… además quién es esa? ya la habían mencionado antes… voy a leer todo otra vez… no se quién esa esa Luisa…

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