“SÁLVAME DE TI”…..ABANDONO…39

Tras pasar por una serie de mostradores de información, diseminados por la terminal de salidas internacionales del aeropuerto, por fin, me llevaron a una oficina donde un funcionario anodino tecleó el nombre de Liam, lanzándome una mirada desdeñosa que ignoré.

—¿O’Donnell?—inquirió casi para sí mismo. Asentí, mientras estrujaba  los faldones de mi chaqueta de punto entre mis inquietos y rígidos dedos.

Contemplé el semblante macilento e inexpresivo de aquel hombre intentando descifrar un fugaz reconocimiento del nombre en los datos de su ordenador, o quizá un tenue pero reconocible reflejo en los cristales de sus gruesas gafas de pasta. Pero ni una cosa ni la otra estuvieron al alcance de mis capacidades, como tampoco lo estaba los desacompasados latidos de mi agitado corazón.

Sentía la sangre arremolinada en mis mejillas, los músculos tensos y los nervios a flor de piel.

—Aja—murmuró entre dientes.

—¿Ajá qué?—repliqué impaciente.

—Aquí lo tengo—aclaró mirándome reprobador.

Me incliné sobre la silla de metal con los ojos como platos, en un intento por mirar la pantalla. El funcionario la giró raudo hacía él y frunció el ceño, claramente contrariado.

—Señorita, esto es información confidencial, no debería dar esta tipo de datos si no es con autorización judicial. No sé que amistades tiene, pero no tiente su suerte.

Me recliné nuevamente en la silla y suspire lentamente en un fútil intento por tranquilizarme. Mi contacto allí había sido Elisa, mi gran amiga, era directiva en el departamento de deportaciones. Había bastado una llamada, eso sí, crispada, para tenerla haciendo un par de llamadas que ahora daban sus frutos.

—Liam O’Donnell embarcó hace treinta minutos en el vuelo Iberia, Singapore Airlines, es cuánto puedo decirle.

Me puse de pie como activada por un resorte mecánico que en lugar de dejar salir un simpático duende, mostraba mi corazón en carne viva, latiendo agónico.

—Eso no puede ser—musité en un estirado quejido estrangulado.

—Pues lo es, y no iba sólo.

Sentí con desgarradora nitidez, como una mano helada oprimía mi corazón. Mis pulmones exhalaron una gran bocanada de aire que me quemó el pecho. Todos mis sentidos despuntaron en un paroxismo doloroso que los nublaba y abotargaba con un amargor difícil de digerir. Me aferré a la única cosa que podía agarrarme, a la negación.

—Debe ser un error.

El hombrecillo respiro hondo, me contempló largamente y apiadándose de mí, giró la pantalla del ordenador permitiéndome mirar en ella.

Lo que allí vi, me dejó sin respiración.

Liam O’Donnell y Luisa Belmonte habían embarcado en ese vuelo. No cabía la menor duda al respecto.

La pequeña y escrupulosamente ordenada oficina comenzó a dar vueltas a mi alrededor. Intenté levantarme, trastabillé y caí desmadejada sobre la silla de nuevo. El funcionario se aprestó a ayudarme, me sujetó temiendo que me cayera y por su walkie llamó pidiendo ayuda.

—¿Desea que llame a alguien para que venga a recogerla? Acabo de avisar a un médico, pronto la atenderán.

Quise hablar, abrí la boca, pero nada salía de ella. El dolor me devastaba en oleadas tan feroces que sólo era capaz de temblar y balbucear.

El hombre comenzó abanicarme con su pañuelo, aquello me mareó todavía más. Comencé a ver borroso, y al cerrar los ojos, sentí la calidez de las lágrimas zigzagueando mis mejillas. Aquello no podía estar pasando, seguramente despertaría junto a él, y me olvidaría de esta horrible pesadilla.

Pero el portazo de la puerta, y los movimiento bruscos que me cogieron en brazos no me despertaron. Y ser consciente de aquella realidad solo consiguió que un grito escapara de mi garganta.

—Nooooooooo…….

—Tranquilícese señorita, todo estará bien.

Un hombre me sacó en volandas de la oficina seguido por una mujer que tomaba mi pulso. Apenas fui consciente de que me introdujeron en otra estancia, y de que me depositaron en una camilla.

Me debatí furiosa, sólo quería escapar de allí, correr, gritar, llorar. Necesitaba respuestas, necesitaba liberar mi dolor. Pero sólo conseguí que me retuvieran con fuerza y me acercaran una jeringa. El pánico se apoderó de mi.

—¡Estoy embarazada!—logré advertir zafándome del enfermero que me inmovilizaba.

—De acuerdo—concedió la mujer—Relájese entonces, permanezca aquí tumbada hasta que venga alguien por usted.

Asentí trémula y llorosa.

—Muy bien, ahora déme un nombre.

—Elisa Marquez, trabaja aquí.

La mujer uniformada me miró condescendiente y asintió con una sonrisa comprensiva.

—Ahora mismo la llamamos—hizo un gesto hacia el hombre que me sujetaba. Me soltó y salió del cuarto.

Tumbada en aquella fría e incómoda camilla, cerré los ojos e intenté sosegarme. No obstante cada respiración era un cuchillo que cortaba, cada pensamiento una piedra que caía en mi pecho, cada imagen un disparo a quemarropa.

Lloré mi dolor, comí mi amargura, pero no digerí la dureza de lo que acaba de convertirse mi vida.

No sé el tiempo que pasé allí tumbada, sólo sé que cuando la puerta se abrió, y Elisa acudió con el semblante crispado y tenso, los sollozos se intensificaron, apenas sofocados por su cálido abrazo.

—¡Eva, cariño, acabo de enterarme! Yo….no entiendo nada. Tranquila, averiguaremos que está pasando, te lo prometo.

—No….no está pasando. Dime….dime que no está pasando….—gimoteé.

—Ssshhhh…..tranquilízate. Puede que todo ser un error. No te desmorones, estoy aquí amiga. Juntas desentrañaremos todo. Si tenemos que viajar a Bali, te juro por dios que lo haremos.

—Ne…necesito llamar a Jenny.

Elisa me tomó de los hombros, limpió mis mejillas con sus manos, retiró mimosa el cabello de mi rostro y me brindó una sonrisa tranquilizadora.

—Yo marcaré—se ofreció.

Metió la mano en mi bolso, sacó el móvil y buscó en contactos. Cuando localizó el número me dirigió una mirada cómplice y llamó.

Al segundo tono me tendió el teléfono.

Respiré hondo e intenté alejar el dolor. Jenny descolgó al quinto tono.

—¡Hola preciosa!

Aquella suave y modulada voz con un marcado acento americano estaba cargada de un cariño sincero que sacudió mi fingida calma.

—Hola Jenny, necesito saber qué hablaste con Liam esta mañana, es muy urgente.

Una pausa, de fondo conversaciones en inglés y una canción de fondo.

—Eva, yo no he llamado esta mañana a Liam. Hace más de una semana que no sé de él.

La sangre se congeló en mis venas. Cerré los ojos, mi rostro se constriñó en una mueca dolorosa.

—Esta mañana estaba con Liam cuando llamaste, escuché como te saludaba justo antes de salir del cuarto.

—Eso es imposible, yo no le he llamado—su voz sonó urgente y preocupada—¡Por el amor de dios!, ¿qué pasa con mi hermano?

—Liam….me…ha abandonado.

Terminal_4_del_aeropuerto_de_Madrid-Barajas,_España,_2013-01-09,_DD_05

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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4 respuestas a “SÁLVAME DE TI”…..ABANDONO…39

  1. Ayyyyy noooo… de seguro que Diego tiene metida la pezuña en esto :@

  2. Dayana dijo:

    Hay nooooooooo quedare sin uñas!!!

  3. Ayyyy como nos dejas así 🙀.Por primera vez quiero q sea lunes para ver q pasa!!jajaj

  4. liliana dijo:

    no lo puedo creer,seguro que Dieguito tiene que ver!!

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