“SÁLVAME DE TI”……¿Y TU CORAZÓN QUE DICE?….41

Suspiré profundamente antes de abrir la puerta y elevé una fugaz plegaria mental rogando poder controlar mis emociones.

Incliné la manivela dorada, fría y sedosa, como la serpiente que recorría mi espina dorsal en ese instante y observe inexpresiva el rostro ansioso de Diego. Me retiré para que pasara, y sin mediar palabra lo conduje al salón, donde continuaba en todo su esplendor el juego de luces y sombras procedente del hogar, un juego huidizo y pertinaz, como el que yo misma tenía que desplegar.

—¿Cómo estás?—inquirió apesadumbrado.

—Mal—confesé con acritud.

Los acuosos ojos de Diego se mostraron compungidos y compasivos.

—Si tenía que pasar—comenzó mirándome con fijeza—Mejor ahora que después. Al menos no te llevó lejos para dejarte tirada en cualquier rincón recóndito del planeta.

—Sí—admití impertérrita—Si hay que quitarse las caretas…mejor ahora que después.

Escruté su expresión, en la que destelló una pizca de aprensión que escondió con presteza, trocándola en una sonrisa triste y comprensiva.

—Sé que no tengo derecho a pedirte nada, y menos esto, pero me gustaría que hicieras algo por mí, algo que necesito para poder olvidarlo definitivamente.

Diego asintió quedamente, y avanzó titubeante hacia mí. El fuego de la chimenea, proyectaba su resplandor sobre las facciones del hombre, anaranjándolas y sombreandolas de manera intermitente, convirtiéndolo en un inquietante espectro maléfico.

—Sea lo que sea, lo haré encantado. Cualquier cosa Eva, sabes que soy tuyo, tuyo por entero.

Sonreí mentalmente, acababa de ponérseme en bandeja, lo que no impidió que una amarga sensación insidiosa estrujara mi estómago.

—Necesito enfrentarme a él, decirle que lo aborrezco, cerrar esa puerta para siempre. Desahogar esta angustia que corroe mis entrañas, para poder empezar de cero. Quiero viajar a Bali para verle la cara y escupirle en ella. Pero no soy capaz de viajar sola, no en mi estado. Elisa no puede venir conmigo…y yo….

Le di la espalda y me abrace a mi misma.

—Yo me siento miserable pidiéndote esto Diego, no te sientas obligado, te fallé y no voy a poder cambiarlo nunca.

Unos manos se posaron en mis hombros, reprimí un escalofrío, cerré los ojos e intenté calmar los desbocados latidos de mi corazón. Me volví hacia él, cubriendo mi semblante de arrepentimiento y vergüenza.

Su mirada se enterneció, dedicándome una frágil y titilante sonrisa emocionada.

—No des por hecho el futuro. Puede que algunas cosas cambien, pero jamás cambiará lo que siento por ti, y sí para demostrártelo tengo que viajar al mismo infierno, lo haré. Por descontado que te acompañaré.

Bajó la mirada, suspiró con pesar y cuando volvió a posarla en mi, estaba teñida de un velo apenado, pero decidido.

—Ambos hemos cometido errores, pero los errores se subsanan si el corazón así lo manda, y el mío Eva, me lo grita.

Sentí el irreprimible impulso de gritarle que donde estaba su jodido corazón cuando se acostaba con Luisa, de zarandearlo para que me explicara que demonios estaba haciendo, de golpearlo para hacerle confesar el paradero de Liam. En su lugar, esbocé un tímida sonrisa agradecida, a pesar de aguantar estoicamente la rabia que crepitaba en mi interior con la misma pasión que el fuego que nos iluminaba.

—¿Y tú corazón, qué dice?—inquirió con mirada nublada.

Tuve que morderme los labios para contener la primera imprecación que escapó de mi mente, respire hondo, y tras una pausa en la que batallé con mi furia, logré responder.

—Mi corazón dice que el verdadero amor no entiende de engaños y vilezas. Que el verdadero amor es aquel que se sacrifica por la felicidad del ser amado, que el amor de verdad, el auténtico, nunca podrá ser borrado, por mucho que lo intenten. Por eso, mi corazón está en llamas.

Sostuve su mirada grave, buscando en su alma una respuesta, una explicación, un brizna de culpabilidad, de moral, de arrepentimiento, no hallé nada de eso. En ese justo momento, lo odié con todo mi ser. Odié a aquel ser cínico y malévolo que había ocupado el lugar del Diego que una vez conocí. Me pregunté si siempre había estado ahí, o si por alguna extraña razón había resurgido de pronto, y lo que más me atenazaba, sí había sido por mi causa.

—Esto pasará mi amor—me estrechó entre sus brazos—Viviré para suplicar tu perdón, el mío ya lo tienes. Nos tenemos a nosotros, y muy pronto el fruto de nuestro amor nos unirá mucho más.

Apreté los dientes y reprimí las ganas de llorar y la aprensión que me provocaba su contacto, su perfume, su sólo aliento.

—Prométeme que me llevaras hasta él—susurré, clavando mi mirada en la suya.

Inspeccioné con suma atención su rostro, desgarrada por encontrar una sutil vacilación, una leve preocupación, pero el muy maldito se mostraba entregado y convencido.

—Lo haré mi amor. Yo también quiero verle la cara, lo que no sé es cómo aguantaré para no partírsela.

Esta vez las lágrimas me vencieron, recorriendo mis mejillas huidizas y cálidas.

—Quiero partir ya—logré suplicar—Sin perdida de tiempo. Elisa está averiguando en qué hotel se va a alojar. En cuanto se registre, volaremos hacía allí.

—¿Y si no se registra en ningún hotel?

Aquella pregunta fue un puñal en mi pecho. Cerré los ojos acometida por un pavor que congeló mi sangre. Respiré hondo, me limpié las húmedas mejillas y lo fulminé con la mirada.

—¿Por qué no iba a hacerlo?

Esta vez sí desvío la mirada inquieto, se pasó las palmas de las manos por el espeso cabello castaño claro y forzó una sonrisa ingenua.

—No sé, tal vez tenga casa allí. Tengo entendido que vivió en lugares exóticos, puede que Bali sea uno de ellos, sino por qué viajaría allí.

—No tiene ninguna propiedad en Bali—afirmé rotunda, desconociendo ese dato—Se alojará en un hotel, sólo espero que no sea el mismo al que pensaba llevarme.

Diego apretó los labios y frunció malhumorado el ceño.

La vibración de un móvil, flotó entre nosotros.

—Disculpa, será del trabajo.

Se alejó al fondo de la estancia, sacó el móvil del bolsillo de su pantalon y miró la pantalla. Pude ver con claridad su semblante alarmado, de inmediato me dio la espalda y tecleó en el teléfono.

Poco después me encaró con una sonrisa inocente y levemente molesta.

—Tengo que irme, ha surgido un contratiempo en la oficina.

Se acercó a mi y me tomó de los hombros.

—Voy a sacar los pasajes, ya te aviso de la hora a que paso a recogerte.

—No, hasta que localicemos a Liam—insistí.

Su rostro se oscurece contrariado.

—De acuerdo, entonces espero tu llamada.

Observé que todavía llevaba el teléfono en la mano, una lucecita azul parpadea sin cesar.

—Bien, en eso quedamos—murmuró a modo de despedida.

Me abalancé sobre él, con la fingida intención de besarlo, simulé trastabillar y me choqué contra él, golpeando a propósito su brazo derecho.

—Oh, lo siento…yo…

El móvil cayó sobre la alfombra, me incliné rauda hacia la alfombra para recogerlo aprovechando su aturdimiento. En cuclillas lo cogí entre mis manos, una llamada perdida aparece en la parte superior de sus notificaciones. Tragué saliva, y astuta le dí la vuelta, me puse en pie y se lo entregué fingindo desinterés. Me disculpé de nuevo.

—No te preocupes, termina lo que empezaste.

Y antes de que pueda reaccionar, me tomó entre sus brazos y apresó mi boca con una vehemencia que me paralizó.

Dejé que me besara, lidiando con mi desprecio, mi rechazo, mi miedo, mi odio, limitándome a rogar que me soltara antes de que no pudiera controlarme.

Por fin se separó satisfecho. Asintió complacido, se dirigió hacia la puerta y salió de la casa con paso brioso.

Trémula, y devastada por las emociones, caí de rodillas y sollocé evocando el nombre de la llamada perdida que todavía parpadeaba en aquel móvil. El nombre de una persona que supuestamente no podía llamar en pleno vuelo.

“Luisa”

fuego 3

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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2 respuestas a “SÁLVAME DE TI”……¿Y TU CORAZÓN QUE DICE?….41

  1. Dios miooooooooo Lolitaaa commooo nos haces estooooo 😥 Liammmmmmmmmmmmmmm

  2. liliana dijo:

    QUE TORTURAAAAAAA!!!

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