“SÁLVAME DE TI” …PASOS….42

Respiro hondo, me limpio las lágrimas y me enfrento a los pasos que escucho tras de mí.

—¿Estás bien?—pregunta Elisa avanzando hacia mí.

—No—admito, dirigiéndome hacia la puerta de entrada con premura.

—¿Adonde vas?—inquiere alarmada.

—A seguirlo.

—No estas en condiciones de…

—Cada minuto es vital—la interrumpo—en cuanto sepas si Liam ha bajado del avión llámame en el acto, te lo suplico.

Cojo mi abrigo, mi bolso y me despido de ella.

—¡Eva! ¡Necesitarás esto!

Mete la mano en el bolsillo de su pantalón,  saca las llaves de su coche y me las lanza.

Las cojo al vuelo, le mando un beso, le regalo una sonrisa que se quiebra en mi cara y salgo de la casa como una centella.

Justo en ese momento el coche de Diego se incorpora a la avenida principal.

Sin dilación corro hacia el Audi de Elisa, me precipito al interior con urgencia, introduzco la llave en el contacto y enciendo el motor que ruge con fuerza. Siento el poder del vehículo vibrando bajo mis manos, todo mi cuerpo vibra de urgencia, de ansiedad y de determinación.

Arranco y salgo a la avenida. Vislumbro la trasera del coche de Diego, hay cuatro vehículos delante del mí. Suspiro aliviada y mantengo la velocidad que rige en el carril. Atenta y confiada conduzco con un sólo pensamiento en mi cabeza, encontrar a Liam.

Tras varios giros, compruebo que no se dirige hacia su trabajo, la dirección que toma empieza acelerarme el pulso. En esa parte de la ciudad vive Luisa.

Evito pensar, deshecho todo tipo de suposiciones, me limito a centrarme en la persecución, a controlar la respiración y estar atenta al pesado tráfico que atesta la calle. Giro de nuevo hacia la derecha, maldigo entre dientes cuando el coche que tengo delante lo hace en dirección contraria. Ahora tengo a Diego justo delante de mí, desacelero para alargar distancias, pero sólo consigo que la furgoneta de atrás me regalé un sonoro y discordante pitido. Aprieto los dientes, rogando que Diego no mire por el retrovisor, por fortuna va hablando con el móvil, así que retomo la velocidad anterior y rezo para que no se fije en mí.

Un nuevo giro, y cedo el paso a otro coche. Me paro en un semáforo, y se me ocurre sacar el móvil para hacer una comprobación, siguiendo un pálpito. Dejo el teléfono en el asiento  y marco rápidamente el número de Luisa. De nuevo centro mi atención en la carretera, mientras oteo fugazmente el móvil. Comunica.

Es con ella con quien habla. Y es a ella a quien va a visitar. No me cabe la menor duda en mis suposiciones, cuando compruebo que reduce la velocidad mirando a ambos lados de la calle buscando estacionamiento.

Decido imitarlo, y me dirijo a la calle trasera donde imagino es más fácil aparcar.

Chasqueo victoriosa la lengua cuando encuentro un hueco vacío junto a un garaje.  Apago el motor y sin perdida de tiempo salgo del coche y avanzo hacia el pasaje que conduce al edificio de Luisa.  Justo en ese momento veo a Diego cruzar la calle a pie, frente al portal de su cómplice. Me pego a la pared y contengo el aliento. El pasaje es estrecho y penumbroso.

Aguardo unos minutos tensos, tras los que me atrevo a asomar la cabeza con recelo. Ya está dentro.

Continuo sigilosa y cuando llego al portal, llamo al portero automático de algún vecino al azar.

Espero impaciente, finalmente me abren sin preguntar. Cojo aire, acecho en el interior y subo las escaleras tensando cada uno de mis músculos.

Me detengo en el rellano, fijo mis ojos en la puerta y me deslizo hacia ella sin saber muy bien qué hacer. Pego la oreja a la madera y agudizo el oído. No se escucha nada. Resoplo y me yergo. No tengo más alternativa que llamar.

Tomo aire de nuevo, cada bocanada es fuego que arrasa mis pulmones, aprieto los puños y cierro los ojos. Intento acompasar mis latidos y alzo la mano hacia el timbre.

Llamo.

Me ciño a la puerta contigua, para impedir que me vea por la mirilla y espero con el corazón en un puño.

Escucha con meridiana claridad pasos tras la puerta, se detienen un instante y vuelven a marcharse.

Alargo el brazo otra vez, llamo, y de nuevo me aparto.

Una vez más los pasos hacen el mismo recorrido.

Esta vez golpeó fuertemente con los nudillos.

Oigo como se desliza el pestillo. Meto la mano en el bolso, agarro un bolígrafo y lo apunto hacia el costado del bolso, remarcando su punta en el exterior.

Respiro hondo, y cuando la puerta por fin se abre me  planto delante con vehemencia haciendo un gesto hacia el bolso.

—Te estoy apuntando capullo. Y te juro que pienso disparar como no des un paso atrás ahora mismo.

Diego me mira con estupor. Agranda los ojos con asombro y entreabre los labios sin dar crédito a lo que ve.

—¿Te has vuelto loca?

—Posiblemente y ahora aparta.

Quizá es el fuego que ve en mis ojos y no la supuesta arma lo que lo hace obedecer.

—Dile a Luisa que salga.

—Luisa no está aquí—insiste—Está con tu Liam, regodeándose en la cama de tu estupidez.

—¿Y qué haces tú aquí?

—Me pidió que cuidara de su piso.

Estrangulo una risa nerviosa y entro al recibidor, la sangre galopa alocada por mis venas, siento nauseas, y una sensación opresiva de agudo malestar.

Sacudo el bolso, presionando más el bolígrafo contra el exterior.

Miro en derredor y localizo un bastón antiguo inclinado en el interior de un paragüero. Tengo que ser rápida si quiero tener alguna oportunidad.

—Deja de mentir perro miserable, ya he dado parte a la policía, están al llegar.

—jajajajajaja..¿policía? un psiquiátrico es lo que necesitas…y ahora pasa y recorre la casa a tu antojo…abre los cajones si quieres, y deja de simular que llevas un arma, nadie esconde su baza, la enarbola, no soy imbécil.

Saco la mano del bolso y atrapo con agilidad el bastón tallado con el mango de metal. Lo alzo amenazadora ante él.

—Ahora sí enarbolo mi arma. Apártate si no quieres que te abra la cabeza, voy a registrar la casa y ni se te ocurra acercarte a mí.

Diego la mira con sobreseimiento y sonríe confiado.

—Adelante, estás en tu casa—bromea.

Lo miro con desconfianza y asomo la cabeza a la entrada al salón. Avanzo precavida lanzando miradas alertas a mi alrededor.

Una a una recorro todas las habitaciones, abriendo armarios, cajones, puertas, sin encontrar nada. En la última habitación, la de invitados, vislumbro una llave pequeña, de la que pende un cartel alargado. Mientras simulo abrir los cajones de la cómoda, cojo subrepticiamente la llave y me la guardo en el bolso, asegurándome que Diego no está detrás de mi.

Salgo al pasillo y lo encuentro apoyado indolente en la pared, con expresión tediosa y contrariada.

—¿Satisfecha?

—No.

—Yo tampoco—musita con mirada entrecerrada y sonrisa taimada.

Su actitud despierta todas mis alarmas.

—Es tú problema.

Me dispongo a salir pero él me lo impide franqueando el estrecho pasillo.

—No vas a salir de aquí, hasta que me dejes mirar en tu bolso.

¡La llave!. Sabe que la tengo, pienso con angustia. Niego con la cabeza y finjo serenidad.

—Y una mierda, me largo.

—No, preciosa, no vas a ningún sitio.

Avanza hacia mí con mirada depredadora. Retrocedo y alzo el bastón. Puedo sentir como se me acelera el pulso, como mi cuerpo se tensa y mi mente calibra opciones sin cesar a un ritmo endiablado.

—¡Atrás o te juro…..

—No jures cariño, no prometas…nada creo ya de ti.

Y de repente se abalanza sobre mí. Descargo el bastón trazando un arco sobre él, pero se agacha y me embiste con la cabeza. Impacta en mi abdomen, me doblo sin aliento y el impulso me lanza hacia atrás, cayendo al suelo con él encima.

Siento una punzada aguda en el vientre, apenas puedo respirar, Diego me desarma y apresa mis muñecas por encima de mi cabeza.

—Así está mejor, eres una fiera, pero yo te domaré.

Me revuelvo bajo él, grito y araño, se defiende con facilidad de mis ataques, hasta que logro doblar la rodilla y la clavo con todas mis fuerzas en sus genitales.

Aúlla, brama, se retuerce y gime echándose al lado. Lucho por incorporarme y escapar, cuando logro ponerme en pie, una mano aferra mi tobillo y caigo al suelo aparatosamente. Me golpeo la frente, el dolor me nubla, y una neblina parece atraparme. El sonido melódico de un móvil rompe la letanía de lamentos que flotan en el pasillo. Pataleo y logro liberar mi pierna. Sacudo la cabeza y tambaleante me pongo en pie de nuevo. Algo pegajoso y denso me recorre la sien.

Aturdida intento correr hacia la salida. Pero un cuerpo se interpone en mi meta.

—Siempre fuiste un grano en el culo Eva.

Luisa me contempla con una sonrisa malvada prendida en sus labios.

Bajo la mirada hacia su mano, ella también muestra su baza: Una escopeta de caza.

paragueros21

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Acerca de nerolloil

ESCRITORA ROMÁNTICA
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5 respuestas a “SÁLVAME DE TI” …PASOS….42

  1. ayyyyyyyyyyyyyyyyyy pero que desesperación. Nada más a Eva se le ocurre ir tras Diego sola :@

  2. Yolanda dijo:

    Ojuu, esto es la muerte a pellizcos…creo que voy a esperar que esten terminados para leerlo….que va, no me voy a poder resistir a saber de Liam. Gracias Lola.:-*

  3. gemma dijo:

    Ooooooohhhhh!!!! Que interesante!!!! Quieor massssss!!!!

  4. Natalia dijo:

    Por Diossssssss no puedo creerlo Lola, sos lo mas!!!!!

  5. Gilda Zerquera dijo:

    NO lo puedo creer. Ojala que alguien encuentre a Liam y Eva y los rescate!

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