SÁLVAME DE TI…….SANGRO….43

—¿Donde está Liam?

Luisa sonríe de medio lado y niega con la cabeza, regalándome una mirada condescendiente.

—Créeme, ese es el último de tus problemas. ¡De rodillas, y pon las manos tras la cabeza!

La observo calculando mis posibilidades. Mi única oportunidad es conseguir que se acerque a mí. La obedezco.

—Siempre supe que eras una furcia, pero jamás imaginé que estuvieras tan rematadamente loca. ¿Te sirve de algo secuestrar a un hombre? ¿Tus encantos no daban para más?Eso sí es caer bajo.

Luisa aprieta los labios, me fulmina con la mirada, se acerca a mí y me abofetea con fuerza.

Me coge del pelo con violencia, y estira para alzar mi rostro hacia ella.

—Mis encantos sí sirvieron para acostarme con tu novio casi desde el principio de vuestra relación—sibila entre dientes—Además, ¿qué te hace pensar que tengo a Liam secuestrado?

En sus aviesa mirada, destella un mal que me estremece. Trago saliva y sostengo su pérfida mirada, está disfrutando.

—¿Qué habéis hecho con él?

Sonríe paladeando el miedo que rezuma de mí, cómo un halo pegajoso y frío que penetra hasta en mis huesos.

—¿De verás quieres saberlo?

—Sólo estoy aquí por él—respondo, luchando por mantener la serenidad.

—Oooohhh pobre Diego, ahí tirado retorcido de dolor y aún no ve que la única que importa soy yo.

—Tú no vales nada, eres mercancía de tercera—espeto con desprecio.

—¡Zorra!

Impulsa la culata del la escopeta contra mi vientre en un movimiento enérgico y certero. El impacto me dobla en dos. El dolor me nubla, una tos violenta me arquea, casi en el acto descarga la culata contra mi mandíbula. Siento como la cabeza báscula hacía el lado contrario, arrastrándome hacia el suelo.  Caigo desmadejada, escupo sangre y me retuerzo de dolor. La punzada que atraviesa mi abdomen amenaza con hacerme perder el sentido. Gimo y me hago un ovillo en el suelo.

—Enróscate como el miserable gusano que eres.

A través del dolor percibo como Luisa se acerca a Diego y se arrodilla frente a él.

—¿Lo haces tú o lo hago yo?

—Tú ya has hecho demasiado, no vuelvas a tocarla, ¿me oyes? —gime mientras se pone en pie tambaleante ayudado por Luisa.

—Parece que has olvidado por quien me he metido en este jodido lío—le recrimina ella furiosa.

—Pues aún no lo tengo claro, ¿ha sido por mí o por el dinero?

—¡Vete a la mierda!

—Vamos, ayúdame a atarla—ordena Diego—Ya veremos cómo conseguimos que encaje el puzzle.

Luisa saca una rollo de cinta americana de su bolsillo,  despega un tramo y lo corta con los dientes.

Diego se arrodilla ante mí y me escruta con atención.

—¡Mierda, no está bien!—me alza el rostro observa como lo  constriñe un dolor agudo y compone un semblante preocupado—¡La has golpeado demasiado fuerte, joder!

—¿Y tú no? Estaba en el suelo cuando yo he llegado y le sangraba la cabeza, no te las de…

—¡Cállate de una puta vez!—amenaza colérico.

Luisa le pasa la cinta y él me cubre la boca y rodea mi cabeza con rudeza.

A continuación, me atan las muñecas a la espalda y ciñen mis tobillos.

Cada movimiento lanza tortuosas punzadas por todo mi cuerpo, pero es un único dolor el que realmente me acongoja, el del vientre. Siento cómo si me apuñalaran sin cesar en un ritmo regular, mi vientre se contrae en dolorosos espasmos que me roban el aliento.

Cierro los ojos con fuerza y contengo las lágrimas. Todo mi cuerpo palpita no sólo cautivo del dolor, sino de la desesperación y el miedo.

—¿Y ahora?—inquiere Luisa cruzándose indolente de brazos.

—Tengo que pensar algo. Esa condenada mujer quiere una prueba de su muerte, pero no creo que le agrade saber que la cosa se está complicando—murmura Diego ceñudo.

—No veo la complicación, es más seguro deshacernos de los dos. ¿O crees que ella hubiera acabado dándote una oportunidad? —musita con sorna—Te digo que habría metido las narices tarde o temprano, mejor ahora, así atamos todos los cabos y a disfrutar la vida.

Diego asiente aunque sin mucho convencimientos. Mi mente es incapaz de analizar aquella conversación. Todo es confuso, inquietante y espeluznante. Y mi máxima prioridad no es precisamente saber qué está pasando, sino huir de lo que está pasando.

—¡Llevémosla abajo!—sugiere Luisa—Necesito un cigarro.

—Sí, tenemos que ingeniar un plan—concede Diego—Necesitamos coartada y tiempo.

—Marchando entonces.

Entre los dos me cogen y me envuelven en una alfombra.. El dolor me sacude, los espasmos se incrementan.

Apenas soy consciente de que me sacan del apartamento, y me meten en un ascensor, por el sonido de las puertas al cerrarse.

La angustia y el pánico me oprimen, la oscuridad resalta los sonidos que escucho, amortiguados y escalofriantes. Pasos, murmullos, roces metálicos, y el quejido de una bisagra.

Cuando me posan en un pavimento duro y frío, me liberan de la alfombra. Abro los ojos, y miro aterrada a mi alrededor. Estoy en un cuarto penumbroso y húmedo, el tejado es inclinado y hay estanterías en las paredes encaladas. Es un trastero.

Fijo la vista en ellos que a su vez miran hacia un rincón.

Entrecierro los ojos y enfoco la mirada, parece un cuerpo envuelto en plástico. Mi corazón se detiene.

—¿No querías encontrarle?—musita Luisa con una sonrisa sibilina, pincelada de sorna y maldad—Pues ahí le tienes.

Diego me dirige una mirada indescifrable, yo le regalo todo mi odio entre ácidas lágrimas.

—¡Salgamos!, tenemos que mirar su móvil, creo que es Elvira quien la está llamando. Estaba esperando que le dijera si Liam habían desembarcado.

—¡Joder, esto se anima!—masculla Luisa con pesimismo.

—Lo solucionaremos—anima Diego.

Ambos salen del pequeño recinto y cierran la puerta con llave tras ellos.

Clavo mi mirada en aquel cuerpo y me siento desfallecer. Intento arrastrarme, pero las punzadas me detienen cada tanto, jadeo contraída y cuando el dolor aligera, avanzo de nuevo.

Casi desfallecida llego hasta él, logro incorporarme y aparto con furia el plástico de su cabeza.

El rostro de Liam, pálido y pétreo me sobresalta.

Gruño como un animal malherido me retuerzo presa de un dolor infame, apoyo mi cabeza en su pecho e intento moverlo, busco con desespero una ínfima señal de vida, sin darme cuenta de que es la mía la que escapa entre mis muslos.

Sangro!!!!

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Acerca de nerolloil

ESCRITORA ROMÁNTICA
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Una respuesta a SÁLVAME DE TI…….SANGRO….43

  1. Nooooooooooooooooooooooooooooooo… Liiiiiiiammmmmmmmmmmmmm 😥

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