SÁLVAME DE TI…. TRATO….49

Dos semanas.

Dos semanas mirando el teléfono, paseando inquieta por las largas avenidas de la ciudad, dos semanas inmersa en un pulso entre la frustración, la ira, y la congoja, dos semanas de angustia e incertidumbre, pero sobre todo de desesperación.

Sabía que tenía que hacer algo, y todos mis pensamientos me conducían a un sólo sitio, a la carcél.

Tenía que encontrar a Liam, sabía que estaba en grave peligro, y la única manera de ayudarlo era averiguando quién había contratado a Diego. Tuve una conversación con Jenny, y ella sólo me contó lo mismo que Liam, su locura tras aquella espeluznante experiencia en la selva, eso, y que si quería encontrarlo, lo buscara en Thailandia, nada que no supiera. Pero por algún motivo, algo me decía que la única respuesta esclarecedora estaba en poder de Diego.

Dejando atrás mis cavilaciones, mis noches en vela, y mis llantos desconsolados, concerté una visita a Diego.

Cuando traspaso las puertas del centro penintenciario un violento escalofrío recorre mi espina dorsal.  Tras las formalidades previas, me acompañan a una pequeña sala, con una mesa y dos sillas. El guardia me invita a sentarme y cuando la puerta de la pared de enfrente se abre,  y aparece Diego, sale en silencio de la estancia, cerrando trás él.

Observo su mirada rencorosa, sus ojeras, y las sombras apesadumbradas de su rostro. Sus ojos me acusan con tal intensidad que siento la imperiosa necesidad de salir de allí.

-¿Qué viniste a buscar? Porque no has venido a visitarme, ¿no?-musita mordaz.

Trago saliva y niego con la cabeza.

-Vine por respuestas.

Sonríe taimado, pasa ambas manos por el pelo, apoya los codos en la mesa y clava en mí una mirada expectantemente complacida.

-¿A que adivino tus preguntas?

-No he venido a jugar, ni a perder el tiempo-replico con vehemencia.

De repente, golpea la superficie con las palmas de sus manos, entrecierra sibilino los ojos y descarga sobre mí toda su furia en forma de siseo amenazante.

-No me toques los cojones Eva, ¿qué te hace pensar que lograrás lo que no logró la policia?

Me mantengo hierática, aunque por dentro tiemblo como una hoja.

-Lo que quiere decir que le mentiste a la policia-subrayo impasible.

Diego sonrie abiertamente orgulloso y sacude la cabeza con diversión.

-Esta habitación tiene cámaras, pero no micrófonos, está protegida por el derecho de privacidad, por eso me voy a permitir el lujo de contarte algo.

Contengo el aliento, Diego parece calibrarme antes de continuar, echa un fugaz vistazo a la cámara de la esquina y acto seguido alarga la mano con la palma hacia arriba.

-Dame la mano.

Lo miro confusa sin mover un músculo.

-¡Dame la jodida mano!-sisea furioso.

Vacilante, logro romper mi inmovilidad y poso mi mano sobre la suya. La enlaza con la mía. Reprimo la repulsa que me provoca.

-Te ofrezco un trato, cariño-murmura con frialdad-Liam por mi libertad.

Hago ademán de retirar la mano, pero la apresa con fuerza.

-Sshhhhhh…tranquila preciosa, sólo quiero que esa cámara presencia una reconciliación.

-Habla de una vez.

Alza su ceja izquierda, sus facciones se tensan, sus labios se aprientan contenidos.

-Yo no pude completar el encargo, por desgracia, pero otro lo hará por mí, es cuestión de tiempo. Si quieres saber quien me contrató, te diré todo lo que sé al respecto, pero sólo declaras a mi favor en el juicio.

Sostengo su mirada largamente, evalúando su expresión. Percibo la ansiedad que rebosa tras la máscara tranquila que se esfuerza por mantener.

-Aún falta mucho para el juicio-repongo-y no dispongo de tiempo. Como bien dices Liam está en peligro, y es vital que cooperes o te quedarás sin nada que ofrecer.

-Aún así, seguro que tú pierdes más.

Me sonríe con perfidia, disfrutando del dolor que asoma a mis ojos.

-Eres un cabrón-le escupo-pero un cabrón desesperado, así que dame pistas para que tenga ganas de hablar.

Diego prorrumpe en una carcajada helada que resuena por las paredes como el vuelo de un pájaro agorero.

-¿Crees que soy idiota? Quiero garantías, y una de ellas es una declaración escrita y firmada de tu puño y letra. Y para que la hagas con toda la pasión de la que sé que eres capaz, te mostraré mis cartas. Liam debió de dejar a una mujer muy despechada, porque fue una mujer la que me llamó por teléfono, y una mujer jovén.

Me tenso en el acto. Diego suelta mi mano, mientras se regocija de malestar.

-No sé el móvil, pero sabía perfectamente quien era yo, y quien eras tú.

-Yo…yo…pensé que era un narcotraficante por un ajuste de cuentas…

Diego niega lentamente con la cabeza, las comisuras de sus labios se estiran en una sonrisa perniciosa.

-No, cariño, en realidad no mentí a la policia, resulta que es un tema…pasional…otra mujer engañada y vilipendiada por ese miserable.

Me pongo en pie y acerco mi rostro al suyo, la furia me sacude.

-¿Te atreves a llamarlo miserable tú, malnacido? No creo tus palabras.

-Tengo pruebas, grabé la voz de la mujer, y lo que me dijo.

Esta vez la sangre se detiene en mis venas, mis pulmones se contraen, y mi estómago palpita agitado.

-¿Por qué no la acusaste?

-Porque en la carcél soy una presa fácil, y si algo me queda claro es que esa mujer es poderosa.

Cierro los ojos un instante, intentando asimilar el impacto de sus palabras. Por fin, respiro hondo, aparto la congoja que me abruma y lo fulmino con la mirada.

-Mañana tendrás tu declaración firmada, pero te juro que si es una trampa los barrotes tampoco te salvarán de mí.

-No lo es, me juego demasiado-confiesa con severidad.

Miro a la cámara y me dirigo a la puerta, casi en el acto una timbrazo y la puerta se abre desde fuera.

Diego me guiña un ojo, mientra se pone en pie en gesto indolente.

-No olvides encanto, que mañana tenemos otra cita.

-Ni tú olvides mi amenaza.

carcel

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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