SÁLVAME DE TI……PERSECUCIÓN….50

Liam camina con semblante indolente por las atestadas calles de Bangkok. Se detiene en uno de los centenares puestos de comida ambulante diseminados por la ciudad, y compra un pad thai, mientras mira de soslayo hacia su derecha. El hombre que lo sigue, se detiene fingiendo examinar un puesto de verduras. Además, comprueba con preocupación que no es el único. Otros dos se afanan en encender un cigarillo que comparten.

Paga su comida, y continúa su camino. No tiene hambre pero abre la bolsa de plástico transparente, toma los palillos del interior y se lleva a la boca el cerdo al curry picante.

Los efluvios que emanan los puestos, donde las especias flotan densas entre el denso humo de los tubos de escape, y las fragancias naturales de los puestos de flores que inundan las calles, además del acentuado y permamente aroma del incienso de los templos circundantes, conforman todo un reto olfativo que puede incluso marear al turista desacostumbrado. Pero si los olores intensos que rezuma la ciudad resultan exóticos, la vista que ofrece no lo es menos. La ciudad es una de las más bulliciosas del mundo, auténticas mareas humanas a pie, en ciclomotor, en Tuk Tuk, y en coche, amenzan con engullirte en su palpitante ritmo. Para el turista es toda una experiencia sensorial digna de disfrutar, no obstante, tras esa explosión de vida que late en cada callejuela, se esconden muchos peligros.

Liam, acelera su paso, y gira hacia el mercado de flotante de Bangkok, uno de los más concurridos y pintorescos de la ciudad.

No solo tiene que burlar a sus perseguidores, sino capturar al menos a uno de ellos para conseguir que lo lleve hasta su jefe.

Sabe que es demasiado arriesgado, pero es su última oportunidad. Todo o nada, no cabe más opción en su vida ya.

Eva puebla sus sueños cada noche, y sus pensamientos cada día, desde que de nuevo la dejó, en aquel hospital. Se siente un miserable, le ha roto el corazón demasiadas veces, y cada brecha se ha replicado en el suyo abriendo profundas heridas por las que sangra irremisiblemente. Y sin embargo, se aferra al delgado hilo de esperanza que lo ha llevado hasta aquella ciudad, para ponerlo de nuevo frente a la muerte, en un combate que parece no tener fín. Cuando se siente desfallecer, y el dolor lo nubla, evoca la seda de su piel, el brillo enamorado de sus hermosos ojos, y esa enloquecedora boca donde quisiera perderse eternamente.  Y es entonces cuando la fuerza regresa, logra sacudir la angustia que lo oprime y se levanta para luchar por lo único que lo mantiene vivo. Ella.

Luego están las pesadillas.

Las que se enroscan en su interior mostrándole que la conciencia es más implacable que ninguna otra cosa en el mundo. No recuerda mas que retazos perturbadores de sangre y rostros asustados, de gritos y llantos, imágenes amalgamadas que se clavan en su alma.

Sólo tiene un meta, y es postrarse a sus pies o morir en el intento.

Las barcazas se arromolinan en la orilla, flotando en un bamboleo adormecedor, cargadas de toda una suerte de variopintos productos, en cestillos de mimbre. Los brillantes colores de especias y frutas contrastan con el anódino marron verdusco de las aguas del canal. Esta vez no titubea, se acerca con determinación a una embarcación repleta de verduras y pasa sobre ella, ante las quejas indignadas de su propietarios. Va saltando de una a otra sin mirar atrás, hasta que logra encaramarse a un barco de paseo. Dos hombres le gritan y corren a su encuentro. Liam se enfrenta a uno de ellos y lo lanza al canal, mientrás sortea al otro. Echa un fugaz vistazo tras de sí, y comprueba que sus tres perseguidores imitan su recorrido. Evalua la posición de las siguientes barcas hasta llegar a las cabañas mugrientas de la bahia, selecciona las adecuadas y emprende su alocada huída de nuevo.

En la última, pierde el equilibrio y a punto está de caer a las turbias aguas del canal. Salta precipitadamente, aprieta los dientes y cae desmadejado sobre los maderos del embarcadero.

En ese momento un barco de paseo con toldillos en rojo se interpone en su visión. No lo piensa se pone en pie y se esconde en el primer recodo, agazapado, esperando que uno de aquellos hombres se internen en el laberinto mugriento que separa la miriada de cabañas flotantes.

Apenas tiene tiempo de trazar un plan de acción, cuando siente en su cabeza una pequeña circunferencia metálica presionando la parte de atrás de su cabeza. Alza las manos en el acto.

-Tranquilo amigo, no voy armado, te daré lo que me pidas-masculla en Thai.

-Ya tengo lo que vine a buscar-murmura en un perfecto inglés.

Liam sabe que es su vida lo que quiere. Frente a él, observa como otro hombre se acerca taimado, con una sonrisa complaciente. No vacila en su próximo movimiento. Se agacha raudo y se impele hacía atrás, logrando que su atacante pierda el equilibrio y dispare al aire, le arrebata el arma y lo pone frente a él como escudo. Intuye que el hombre que se acerca a él también ha desenfundado. El silbido de las balas se cruzan a su alrededor. Dispara repetidas veces, mientras siente como el cuerpo que sujeta recibe todos los impactos. Retrocede, suelta el cuerpo inerte y corre por las callejuelas traseras. Zigzaguea numerosas veces hasta que logra internarse en un cuchitril inmundo, donde una familia lo mira con temor, todavía sujeta la pistola. Rebusca en su bolsillo y lanza al suelo todo el dinero que encuentra, se lleva el índice a la boca y mira por la habitación buscando algún cobijo.

Una anciana se acerca a él, lo toma de la mano y lo conduce hacia otro cuarto, imita su gesto, llevándose el índice a la boca, corre una cortina y lo deja sólo.

Respira agitadamente, de pronto se apercibe de que el cuarto tiene una ventana que da al canal. Al menos tiene una vía de escape. Aguarda en completo silencio. Escucha pasos apresurados y se tensa. Unas voces preguntan en Thai si han visto un extranjero pasar, una voz ajada responde que no. Suelta el aliento contenido cuando los pasos se alejan. De repente, un móvil suena, los pasos se detienen. Es su móvil. Se apresura a sacarlo y lo pone en silencio. ¡Mierda!, masculla entre dientes. Apenas si tiene tiempo de mirar la llamada, antes de correr hacia la ventana y precipitarse por ella, justo cuando escucha disparos tras de sí.

Se zambulle en las oscuras aguas y bucea hasta que sus pulmones arden. Un pensamiento inquietante lo acompaña en su inmersión. ¿Cómo ha conseguido Jenny su nuevo número?

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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