SÁLVAME DE TI……Bangkok……52

Contemplo el ajetreo de Bangkok desde el ventanal panorámico de mi habitación de hotel. En mi mano sostengo el móvil, esperando que Jenny descuelgue mi llamada.

Soy consciente de que es imposible localizar a Liam en una ciudad como aquella, y más si está agazapado salvando su vida. No conozco su vida allí, ni a sus posibles amigos, nada. Sólo me queda Jenny, ella es la única que puede llevarme con él, aunque en su mente el único sitio al que seguramente pretenda llevarnos es al más allá.

Aguardo nerviosa escuchando el sexto tono de llamada, cuando por fin escucho su voz.

–Eva–rezonga molesta–ahora no es el momento. Ya te llamaré yo cuando pueda.

–Estoy en Bangkok–informo con sequedad.

Silencio. Creo que escuchar los resortes de su cerebro tejiendo un plan para esta molesta contingencia.

–Joder Eva–masculla airada–Te dije que confiarás en mi.

Esta vez soy yo la que contengo una imprecación. Me pregunto en ese preciso instante cómo seré capaz de simular el desprecio que provoca en mí cuando la tenga en frente.

–Soy incapaz de estar en casa esperando tu llamada, me volvería loca. Quiero estar a su lado, acompañarlo en su destino.

Espero que capte mi sutil invitación a incluirme en sus planes. Es la única manera de que me lleve junto a él.

Tras una pausa tensa y prolongada la escucho respirar hondamente.

–Bien, sí es eso lo que quieres ya sabes a lo que te arriesgas–concede molesta.

Empezamos a entendernos, pienso. Nadie mejor que yo sabe a lo que me arriesgo.

–¿Dónde nos encontramos?–inquiero.

–Estoy en el Hotel Shangri-La, pide un taxi de inmediato, he quedado con Jack en el vestíbulo dentro de media hora. No te esperaremos–advierte vehemente.

Claro que me esperará, no le interesa dejar cabos sueltos que sigan investigando por su cuenta.

–Allí estaré.

Cuelgo, cojo mi bolso y salgo precipitadamente de la habitación. Mientras recorro los laberínticos pasillos, tomo el ascensor, atravieso el hall y busco un taxi con la mirada, un pensamiento cobra forma en mi mente: Necesito un arma.

Por fortuna un taxi se detiene en la entrada de mi hotel. Aguardo a que la pareja que lo ocupa salga del vehículo y me abalanzo a la puerta trasera.

Una vez dentro no me detengo mucho a pensar en mis siguientes palabras pronunciadas en inglés.

–Al hotel Shangri-La, pero antes necesito hacer una parada.

El hombre, menudo y enjuto, asiente y se gira completamente esperando más información a pesar de que ya ha arrancado y circula por una avenida de cuatro carriles.

–¿Dónde parar?–pregunta en un inglés escueto.

–¿Dónde puedo comprar en un arma?

Espero una mirada suspicaz, o al menos reprobadora, sin embargo se encoge de hombros y sonríe con suficiencia.

–En armería, muchas en ciudad.

–Pues deténgase en una que pille de camino, ¿necesito permiso de armas?

–No ser legal para turistas, pero aquí lo legal no es lo más común.

Bueno, al menos no tengo que ir al mercado negro a buscar una. Me repantigo en el asiento y  miro por la ventanilla fingiendo despreocupación. La ciudad pasa ante mis ojos, como una secuencia rápida de imágenes bulliciosas e intensas que se graban en mi retina, como si esas escenas fueran el final de la película de mi vida. Aparto esos pensamientos, y cuando el hombrecillo detiene el vehículo y señala un establecimiento, agarro bien el bolso y me introduzco en el local.

Miro la vitrina y los expositores que hay tras el mostrador. No entiendo de armas, así que me guío por mi sentido común. Quiero algo pequeño y manejable.

El dependiente me mira un instante viendo claramente la confusión de mi semblante. Antes de que me anime a señalar alguna de las pistolas pequeñas, él pone tres sobre el cristal para que yo elija.

–Tres ser pequeñas, pero la del medio es la única mortal.

No me enjuicia, ni me mira con extrañeza, se limita a mirarme con toda la naturalidad del mundo ofreciéndome la del medio para que calibre su peso y manejo.

–Ser ligera,  aunque cartucho solo cinco balas.

Estoy tan nerviosa que casi se me escurre cuando intento acomodarla en mi mano. Es la primera vez en mi vida que toco un arma de fuego.

–Sí, esta esta bien–Logro proferir sin tartamudear.

–Ser una Beretta–informa el dependiente– calibre 45, más pequeña mercado.

Soy incapaz de preguntar nada, asiento y saco mi cartera. Mientras saco los billetes, el hombre tiene la gentileza de cargar el arma.

–Quitar seguro para disparar–advierte. La mete en una bolsa y me la entrega.

Me asombro de lo barato que es comprar un arma, cargada además, y salgo de la armería como una exhalación, sintiéndome una fugitiva buscada.

Cuando me meto de nuevo en el taxi, dejo escapar el aliento contenido. Saco la pistola del envoltorio y la introduzco torpemente en mi bolso.

Para cuando el taxi se detiene en el impresionante hotel Shangri-La, un resort de lujo justo en la orilla del rio Chao Phraya, mi corazón igual en revoluciones al de un Ferrari de competición.

Salgo del taxi y me adentro con paso firme en el vestíbulo del hotel. La palabra opulencia no llega a describir el interior del hall. Deslizo mi mirada por la abarrotada amplitud que abarca la recepción hasta localizar en un extremo a Jenny hablando con otro hombre. Imagino que es el tal Jack, aunque no sé porque razón no imaginé que fuera de oriundo del país.

Antes de llegar hasta ellos, la penetrante mirada de Jenny me atraviesa.

Murmura algo en el oído de su interlocutor y esboza una tirante sonrisa para recibirme.

–Hola Eva.

Se acerca para posar en mi mejilla un beso frío y yo me esfuerzo por estrangular la aversión que me provoca.

–Hola Jenny.

Miro al hombre e inmediatamente Jenny me presenta a Jack. Le estrecho brevemente la mano.

–Jack tiene a Liam escondido en un almacén–informa ella–No tenemos tiempo que perder.

–Adelante entonces–musito.

Justo cuando salimos a buen paso del hotel, percibo de soslayo como Jenny mira sucintamente hacia atrás como buscando algo.

Paramos otro taxi, y nos adentramos en él. No me pasa desapercibido un detalle que llama poderosamente mi atención. Dos hombres salen apresuradamente del vestíbulo, nos miran y se abalanzan sobre el siguiente taxi libre.

Tres cosas me tranquilizan durante el largo trayecto, el arma que llevo oculta, el factor sorpresa que me ampara, y que en apenas unos minutos veré a Liam. Lo demás es un caos de emociones que me sobrecogen hasta casi paralizarme de terror.

Shangri-LaBangkok_Exterior

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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