MIRAR ATRÁS…

Hoy voy a mirar atrás, a aquellos tiempos en que sentada en la terraza de mi casa, con apenas veinte años y la cabeza tan llena de sueños como ahora, miraba al firmamento y sonreía ansiosa, cuando una nueva aventura tamborileaba en mi cabeza. Todavía hoy siento esa creciente excitación ante la abierta puerta a mis mundos. Esos donde moran otras vidas. Todavía hoy se me encoge el corazón y hormiguea mi estómago cuando una nueva historia invade todo mi ser. Porque eso es justamente lo que sucede, me invade, me conquista y me rinde a su capricho. Y yo dejo que me zarandee y me desgarre, y me lleve a otras pieles, otras épocas, otras vivencias, algunas vividas, otras quizá por vivir.

Pero aunque la esencia permanece, tan pura e intocable como entonces, yo no soy la misma. Es imposible que lo sea. Desde que mi lobo me abrió las puertas del mundo editorial, he vivido muchas cosas, y en apenas cuatro años, he descubierto cosas de mí que no sabía y cosas de los demás que no imaginaba. Y ambos descubrimientos me han reforzado.

Para alguien que pasó toda su vida escribiendo, por absoluta necesidad, sin más ambición que la de liberar mis inquietudes, el pensamiento de llegar a publicar apenas se dibujó en mi cabeza como una borrosa quimera inalcanzable. Fantaseaba sí, cómo imagino que lo harán todos, con ser bestseller y atravesar fronteras. A veces era mi particular oasis, dónde me permitía creer que ese día llegaría. Pero como todo en la vida, los sueños solo se cumplen si se luchan, si nos equipamos con escudos de paciencia y tesón, y nos armamos de ingenio e ilusión. Y este sueño, además, tiene un condicionante que frustra peligrosamente. Que por mucho que se luche, por mucho que apretemos los dientes, por mucha piel y corazón que nos dejemos en cada trabajo, no todo depende de nosotros.

Y hasta comprender eso, no podemos entender que finalmente nuestro sueño está más en otras manos que en las nuestras, y es en ese preciso momento cuando decides que sólo hay una opción para poder alejar la frustración o la impaciencia, o la tensa expectación por saber si nuestros astros se alienaran algún día. Y esa solución es la más sencilla, lógica y primordial: disfrutar de lo que hacemos, del camino en sí y no de la meta. Dejar de preocuparnos de cada paso, solo darlo. Dejar de pensar si venderemos más o menos, o en qué puestos estamos, dejar de angustiarnos con una mala crítica o regodearnos en una buena. ¡Ser libres por fin, valorar por fin, gozar al fin, de estar, de ser y de sentir! Quedarnos con que hacemos lo que más nos gusta, en mi caso lo que necesito de manera casi vital, y disfrutar de lo único que merece la pena de todo esto. Ese anexo que acompaña a este profesión y que es la mayor recompensa de todas: el cariño del lector.

Un anexo que me maravilló desde el principio. Un plus que jamás imaginé y que por fortuna crece: las maravillosas personas que me topo por el camino, algunas ya grandes amigas que llevaré siempre en mi corazón. También las vivencias, algunas únicas que enriquecen este sendero. Y así, descubrir que publicar es tan sólo el principio del camino, que la meta no es llegar sino mantenerse. Que cada paso conduce al crecimiento personal y literario y que independientemente de donde me lleven mis pasos, todos y cada uno habrán sido disfrutados con toda esa libertad que da saber que no todo está en mi mano, pero que lo que está lo puso mi corazón.

Sea lo que sea de mí, jamás podré decirme que no lo di todo. Y aquí sigo, andando, sintiendo la brisa en mi rostro, sonriendo serena y segura, mirando al frente con optimismo y gratitud, sintiéndome plena y sobretodo libre. Libre para mirar atrás a esa mujer que fui y que nunca más seré, y adelante, en busca de esa mujer que espero ser. Sin perder la sonrisa, ni la ilusión, ni las fuerzas, pues ya no me importa que el camino sea largo o corto, lo importante es andar.

Sé que me caeré mil veces, y lloraré otras cuantas, sé que sufriré y me angustiaré o me detendré jadeante hasta recuperar el aliento, pero nada de eso me frenará, porque estoy en el camino que elegí. Y lo recorreré mientras me quede aliento. Sé que me acompañáis y alentáis, como vosotros sabéis que me dejo encontrar.

Miro atrás sí, porque eso agranda mi sonrisa y aumenta mis fuerzas.

caminar

A caminar!!!

 

 

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ESCRITORA ROMÁNTICA
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3 respuestas a MIRAR ATRÁS…

  1. Ana Fons dijo:

    A caminar sí!! Y caminaremos contigo, siempre a tu lado, para darte aliento cuando haga falta y para disfrutar de esa magia que creas cuando en tu generosidad la compartes. Y digo generosidad porque no solamente escribes, como siempre digo, te abres, te vacías, te desnudas en cada palabra que sale de ti… de tu corazón y nosotras las vivimos, las sentimos y las compartimos con toda la ilusión y gratitud del mundo. La libertad de escribir lo que quieres y sientes es lo que nos llega a nosotras, así que bendigo esa libertad y el día que con valentía te mostraste al mundo.
    #SiempreatuLado

  2. Ana Salvaje dijo:

    Siempre a tu lado , apoyandote y caminando a tu lado , sintiendo tus éxito como propios , dandote nuestro cariño en los malos momentos , feliz de ver tu sonrisa .
    #siemprecontigo#

  3. Cris/Doc dijo:

    Me han emocionado tus palabras Lola!! A caminar y a disfrutar del camino! Será un placer acompañarte AMIGA! #Siempreatulado

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