SÁLVAME DE TI….. EPÍLOGO….IL PARADISO….57..

Una tersa brisa, perfumada de lavanda y jazmín, tibia y lánguida, recorre mi piel con el tierno mimo de una caricia materna.

Tumbada en la hamaca colgante de nuestro patio trasero, contemplo como la luna pinta un sendero de plata chispeante sobre el mar, un sendero que se estrecha hasta perderse en el horizonte. Cierro los ojos y aspiro hondo, inhalando la cautivadora fragancia que pende sobre el patio. Una sonrisa plácida curva mis labios.

El relajante rumor de las olas y el tarareo de Liam mientras prepara la cena, es cuánto escucho y cuánto anhelo oír.

El suave vaivén de la hamaca me insta irremisiblemente a entrar en una acogedora duermevela. A mi alrededor, se enredan las buganvillas y se mecen las rosas, arrulladas por el tenue susurro del viento.

Fue fácil ponerle nombre a nuestra nueva adquisición “Il Paradiso”, una villa al más fiel estilo mediterráneo, al final de Via Tragara, elevada sobre la pendiente del monte Solaro en la hermosa isla de Capri. Un trocito de paraíso en la tierra, nuestra recompensa al dolor y a la lucha.

—No, preciosa, no voy a permitir que te duermas, por mucho que adore mirarte hacerlo.

Abro los ojos y sonrío ante la visión de Liam apoyado en el dintel de la puerta. Lleva una camisa blanca, un chaleco negro, unos vaqueros desteñidos de cintura baja y una mirada enamorada que me desarma.

—¿Y cómo vas a impedírmelo?—susurro retadora.

Se acerca a mí, con expresión pendenciera, sonrisa ligeramente inclinada y paso felino.

—Se me ocurren muchas manera de impedírtelo, pero todas enfriarían la cena. Y mis pappardelle al vongole, merecen que disfrutemos de ellos, aunque me urja llegar al postre.

Se arrodilla ante mí y posa sus labios sobre los míos, acariciándolos en un beso suave.

—¿También has hecho postre?—murmuro hundiendo mis dedos en su cabello.

—Ya venía hecho, lo tengo enfrente.

Acerco su rostro y tomo sus labios paladeándolos con sensual indolencia. Me deleito en su sabor, me sumerjo en su influjo y gozo de cada roce. Liam deja escapar un hondo y ronco gemido que eriza mi piel. Todos mis sentidos despiertan a la consabida excitación que su sola presencia provoca en mí.

—Mmmm….nena—jadea—no pares…

—¿Y los pappardelle?—susurro contra sus labios.

Se separa apenas para apartar la falda de mis vestido de organza y hundir su mano entre mis muslos. Su tacto me estremece, siento ascender su mano arremolinando la blanca tela alrededor de su brazo y me envaro anhelante ante su encendida mirada hambrienta.

—Tendrán que esperar, me has obligado a empezar por el postre.

Dejo escapar una risita lujuriosa y entrecierro los ojos cuando siento sus dedos acercarse lentamente a su destino.

—Y ahora, pequeña provocadora, vas a tener que cantar para mí en sotto voce, o despertarás a nuestra dulce Ada.

Nuestra dulce Ada, es un bebe de apenas seis meses, réplica exacta de su padre, risueña e inquieta, pero con un sueño tan ligero que nos obligaba a andar de puntillas y hablar en susurros cómo si fuéramos ladrones.

—No sería la primera vez—rezongo melosa.

—Ni creo que sea la última.

Deposita un beso en la base de mi cuello y desciende por mi escote, al tiempo que su mano asciende de nuevo.

Estrangulo un gemido con el dorso de mi mano y me arqueo elevando las caderas.

—¡Dios, voy a sufrir..!

Liam alza el rostro y me regala una sonrisa lujuriosa. Sus afilados ojos de gato refulgen con promesas de un placer infinito.

—No, amor mío, vas a tocar el cielo, para luego bajar al paraíso, cenar, darte un baño en la piscina y dormir hasta que un ángel te despierte.

—No es mal plan.

Liam deja escapar una risa que sofoca de inmediato con su mano.

—Es lo menos que puedo hacer por alguien que me salva la vida a diario—murmura afectado.

Sus ojos adquieren una gravedad conocida, una intensidad tan abrumadora que casi puedo palpar el halo que desprende. El torrente de amor que emerge de él con la fuerza de un ciclón me envuelve con tal fuerza que siento como mi corazón se desborda con igual fuerza.

Sí, el destino nos zarandeó, la vida nos sacudió y la muerte nos persiguió, pero no cambiaría nada de lo llorado, de lo sufrido y de lo luchado, si esta era nuestra recompensa.

A veces, cuando la negrura más opresiva parece atraparnos, cuando la desesperanza nos ancla, cuando el dolor nos fustiga, es difícil creer que la oscuridad la rompe un débil rayo de luz, que la desesperanza la debilita una tímida sonrisa, y que el dolor lo borra un beso.

Liam atrapa mi boca, pero ya no hay dulzura en ella, no, sino una pasión tan arrolladora tan famélica, tan desesperada, que me encoge el estómago y acelera mi corazón.

Y como tantas otras veces, la noche se diluye, la luna desaparece, el mundo pierde consistencia y una sola cosa nos sostiene….nuestro paraíso.

FIN

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SÁLVAME DE TI…..56…..DECLARACIÓN DE INTENCIONES…CAPITÚLO FINAL.

Fueron muchos interrogatorios, muchos trámites, mucha burocracia, muchos traslados y mucha angustia hasta llegar a Madrid. Tuvimos que recurrir a la embajada y a un buen abogado para poder salir de Thailandia. Fue el dinero, ese por el que Jenny bajó a los infiernos, el que aceleró todo el proceso.

Tras varios días de ingreso en el hospital, Liam fue dado de alta, débil y ojeroso, pero con la más amplia y dichosa sonrisa que le había visto nunca. Por fortuna ninguna de las dos balas que se habían alojado en su cuerpo habían dañado ningún órgano importante, y tras las intervenciones se había recuperado con pasmosa rapidez. Solía bromear diciendo que su medicina eran mis besos, que mis sonrisas eran su alimento, y mis caricias eran su fuerza. Pero cuando me cobijaba en su pecho, y me arropaba con sus brazos, yo sabía que era el latido de su corazón el que hacía latir el mío.

Habíamos alquilado un ático vanguardista en una acomodada zona residencial, un ático que ninguno de los dos habíamos visitado personalmente. Liam realizó toda la operación por internet, incluso contrató los servicios de un decorador profesional para ultimar hasta el más mínimo detalle. Y de todo cuánto pude imaginar que adornaría nuestro nido de amor, jamás pensé ver lo que vi cuando me adentré en el amplío salón.

Un gran foto mural luminoso laminaba toda la extensión de la pared del fondo, recreando una playa al atardecer,  exacta a la que protagonizó nuestro primer encuentro. En el suelo, una espesa y mullida alfombra de rizo, en color crema, simulando la arena de la playa. Y sobre ella, grandes cojines del mismo tono.

Liam me contempló expectante con una entusiasmada sonrisa curvando sus labios.

—¿Cómo…

Liam rió, se puso tras de mí y me rodeó la cintura, hundiendo su rostro en mi cuello.

—Antes de que …bueno, de que Diego me secuestrara, fui a nuestra playa y la fotografié justo en el momento exacto a nuestro primer beso.

—Fue un beso robado—apunté sonriente.

—Ajá, yo  te robé un beso–admitió meloso— pero tú el corazón. Desde aquel preciso momento, no he buscado más que la revancha.

Paseé la mirada por aquel hermoso ocaso anaranjado, donde lánguidas olas lamían con desidia la arena, donde un enorme orbe cobrizo se escondía tras la línea del horizonte, incendiando la superficie del mar. Donde esquejes rosados, dorados, violáceos y púrpuras rasgaban un cielo despejado que se apagaba perezosamente. Era tal la belleza de aquel paraje, tal el realismo, que me pareció aspirar el salobre aroma del mar y escuchar los graznidos de gaviotas trasnochadas, acompañadas por el rítmico, vibrante e hipnótico rumor de las olas moribundas.

Me giré entre sus brazos y clavé mis ojos en los suyos. La intensidad que vi en sus afilados ojos de gato me desarmó.

—Puedo asegurarte—ronroneé contra sus labios— vengativo y adorable suicida, que tu salvadora ha claudicado ante ti.

Las manos de Liam, recorrieron mi espalda, ciñéndome a su cuerpo. Besó fugazmente mis labios, me arrastró hasta la tupida alfombra y me tumbó diligente en ella. Sonrío ansioso y se estiró a mi lado, ligeramente erguido sobre mí.

—Aquella tarde, cuando te escapaste de entre mis brazos, y corriste alejándote de mí. Permanecí un largo rato tumbado en la arena. No podía moverme, temblaba preso de una emoción tan intensa que me mareaba, y temblaba de deseo. Recuerdo que cerré los ojos e imaginé que seguía sobre ti, imaginé que seguía besándote, que tú rodeabas mi nuca y….

Deslicé mis manos tras su nuca y pasé mis uñas por su piel. Liam gimió.

—¿Así?—inquirí en un murmullo sensual.

—Justo así—respondió con voz tirante.

—¿Qué más imaginaste?

—Imaginé que mordisqueabas mi cuello y lo lamías.

Giré la cabeza y repliqué sus palabras, mientras Liam se tensaba.

—Sigue—alenté.

—Qué me besabas como si fuera a acabarse el mundo.

Lo atraje hacia a mí y apresé con ferocidad su boca. Enredé mi lengua con la suya, deleitándome en el cálido terciopelo, húmedo y delicioso de su tacto. Liam derramaba gruñidos en mi boca, mientras frotaba sus caderas contra mí. Mordisqué su labio inferior, tirando suavemente de él, para luego incursionar de nuevo en su boca con pasión arrolladora. Deslizaba mi lengua en círculos, succionando la suya, dominando el beso con voraz ímpetu.

Cuando logré despegarme de él, la nublada mirada plateada de Liam, turbia de deseo, me encendió como nunca.

—Y luego yo….bajaba el escote de tu vestido mojado, y saboreaba la sal de tus pechos. Mientras mi mano apartaba la falda y recorría tus muslos.

—Mmmm…—gemí con mirada entornada—suena bien.

—Sabrá mejor…

Desabotonó los botones de mi vestido camisero y liberó mis senos de la prisión de mi sostén. Cuando su cálida lengua lamió hambrienta mis erectos pezones, dejé escapar un largo gemido. Pero cuanto los atrapó entre sus dientes, alternativamente, me arqueé sacudida por una aguda punzada de placer que prendió un palpitante foco de calor en mi sexo.

Abrí las piernas y Liam se coló entre ellas. Se irguió con las palmas de sus manos apoyadas a ambos lados de mi cuerpo y me contempló extasiado.

—Dios nena….todo lo que imaginé palidece ante lo que estoy a punto de hacerte.

Su voz, rota y susurrante, grave y aterciopelada erizó cada centímetro de mi piel.

—Voy a devorarte—susurró— lentamente, tan despacio que casi sentirás que mueres un poco, y cuando me supliques agonizante, cuando te hayas deshecho en tantos orgasmos que tu cuerpo sea apenas una sombra trémula y exhausta, entonces, y solo entonces te follaré hasta perder el sentido.

—¿Es una promesa?

Liam sonrío y sacudió enérgicamente la cabeza. Un negro mechón de su cabello, ocultó parcialmente su frente, sus claros ojos refulgieron lascivos y pendencieros.

—No nena, es toda una declaración de intenciones….Y esta vez, ninguno va  a salvar al otro, porque estamos ambos condenados, condenados a amarnos hasta el fin de los tiempos. Y ahora….

Recorrí su mentón con la yema de mis dedos, mientras me quemaba en el fuego de su mirada.

—¿Y ahora qué…?

Liam se inclinó lentamente sobre mí.

—Ahora….voy detallarte mi declaración punto por punto, pues tendrás que firmarla. Has de saber que es una declaración indefinida e interminable, y sellada con nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas…¿Aceptas?

El amor estalló en mi pecho, desgarrándolo en delgadas fibras que flotaban al viento, envolviéndome y cortándome el aliento. Mis sentidos despuntaron sacudidos por una emoción tan intensa que encogió mi corazón, secó mis garganta y despertó mi piel con la vehemencia de una ola sepultando una embarcación. Me estremecí, exhalé un débil jadeo amortiguado. Mi mirada se empañó con lágrimas de dicha y con la visión de un dulce futuro juntos, disfrutando de la recompensa que habíamos ganado a la vida.

Él y yo, y la playa que vio nacer nuestro amor.

—Acepto….

Y Liam sonrió, como solo pueden sonreír aquellos que regresan de la muerte, aquellos que tienen ante sí cuánto desean, aquellos que entregan cuánto tienen, y no temen nada.

FIN.

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“SÁLVAME DE TI……..SANGRE Y LÁGRIMAS…55

Con las manos levantadas avanzo lateralmente, con paso comedido y el corazón en un puño.

Siento dos cañones apuntándome y la afilada mirada de Jenny acuchillándome. En sus claros ojos veo con claridad la velada amenaza que me regala, una amenaza que convertirá en realidad en cuánto tenga ocasión.

El eco de mis pasos resuenan en el vasto espacio de aquel almacén, como un tétrico requiem que anticipa la llegada de la parca. Y es fácil adivinar que esta vez no se irá sola. Escucho mis propios latidos atronando en mi interior en abruptos intervalos irregulares, como secos golpes de tambor aplastando cada terminación nerviosa. Un malestar opresivo altera el resto de mis sentidos, con una alerta tan ominosa como la luminosa sirena de una ambulancia. El peligro, tangible y oscuro, tensa el ambiente, despertando con agudeza mi más básico instinto de supervivencia.

Contengo el aliento a cada paso, nunca fui tan consciente de cuánto me rodeaba. Percibo todo con una magnitud que me horroriza, cada sensación se amplía con el detalle de un análisis microscópico. Los vivaces sonidos de la calle pierden intensidad en favor del silencio envolvente que reina a mi alrededor. Casi puedo ver flotar a mi alrededor las diminutas partículas de polvo suspendidas en el aire, el color azul de la desconchada puerta metálica casi refulge en un halo que parece flotar frente a mí. La luz que circunda la puerta se fracciona en haces dorados que la perfilan como si fuera la entrada al paraíso. Puedo escuchar el leve jadeo agitado y contenido de Jenny, y el suave roce de sus manos friccionando la culata de su revolver. Todo a mi alrededor se agranda en una dimensión aterradora que detiene mis pasos, y provoca que aspire una profunda bocanada de aire para apaciguar mi pulso y estrangular mi pavor.

Y entonces, sucede.

Un roce peculiar y un forzado gruñido. Me vuelvo justo a tiempo de ver como el alto parapeto conformado por decenas de sacos se desmorona hacia delante.

En un acto reflejo me pego a la pared y me encojo. Escucho el impacto sordo de los fardos al caer sobre el suelo de cemento y un grito soterrado. Justo en ese momento se cruzan varios disparos.

Instintivamente saco mi Baretta, me tiro al suelo e intento discernir donde apuntar. Pero soy incapaz de ver nada más que explosiones de colores vivos, y raudos movimientos furtivos a mi alrededor, como un carrusel girando alocado frente a mí. Enfoco la mirada al suelo a tiempo de ver a Jenny medio sepultada por los enormes sacos, contorsionándose ferozmente y dirigiéndome una letal mirada de odio visceral.

—¡No escaparás, perra!—sisea retorciéndose furiosa.

Me encojo de hombros ante los disparos que silban cercanos sobre mí.

Cuando vuelvo a centrar mi mirada en ella, descubro horrorizada que ha conseguido liberar su brazo derecho y que me apunta directamente.

Me tiro al suelo. Un silbido corta el aire justo encima de mi cabeza. Un atronador pitido late en mis oídos ensordeciéndome. Jadeo presa del terror y me arrastro reptando hasta una fila de fardos amontonados. Las detonaciones se suceden, aprieto los dientes y entrecierro los ojos, presenciando como las liberadas especias flotan ante mí, creando una picante neblina anaranjada que me hace estornudar. Aquel particular y colorido velo encubre mi presencia, así que sigo reptando hasta el fondo a tiempo de ver a Liam disparando atrincherado en una esquina del fondo. En el suelo frente a mí, el inerte y sangrante cuerpo de uno de los sicarios sin vida obstaculiza mi avance.

Liam me dirige una mirada angustiada y me hace el gesto de que intente escapar.

En ese momento otro disparo corta el aire y se empotra en la pared, justo encima de mí. No tengo ni idea de cuántas balas tiene normalmente un cartucho, pero sospecho que a Jenny no deben de quedarle muchas ya. Está disparando a ciegas.

Liam dispara en esa dirección, y el otro sicario aprovecha la ocasión para abalanzarse sobre él.

Escucho un ruido sordo, impactos y gruñidos. Los hombres ruedan enzarzados en una brutal pelea. Intentó apuntar a la maraña de cuerpos entrelazados, mascullo una maldición cuando comprendo que es demasiado arriesgado disparar. Jenny no parece pensar lo mismo porque dispara sobre ellos.

Liam exhala un lamento ahogado, abre los ojos con asombro y aprieta los dientes en una mueca dolorosa. Una mancha de sangre comienza a empapar el algodón de su camiseta gris, extendiéndose por su costado.

Una furia insana brota de mí como una lengua de fuego evaporando el miedo que me atiere.

Me pongo de rodillas, entrecierro los ojos, y disparo a bocajarro contra la espalda del hombre que sigue golpeando a Liam. Me giro hacia el lugar donde vislumbro la sombra de un cuerpo entre los fardos y como si el tiempo se hubiera detenido afianzo ambas manos en el pequeño revolver, tenso los brazos y con un aplomo desconocido descargo las únicas dos balas que me quedan. Escucho un grito estrangulado de mujer.

—¡Eva!

Liam se desembaraza del cuerpo que ha caído sobre él y se abalanza sobre mí. Me estrecha entre sus brazos, refugiándome en su pecho.

—¡Dios! ¿Estás bien?

La pegajosa y tibia humedad que empapa mi mano, contrae mi estómago con un miedo opresivo.

—Mejor que tú. ¡Vamos, te sacaré de aquí!—apremio con preocupación.

Liam se inclina quejumbroso y se estira para atrapar de nuevo su pistola.

—No sabemos si tiene más secuaces fuera—alega intentando ponerse en pie.

Me cuelgo su brazo sobre mis hombros, rodeo su cintura y lo sostengo mientras avanzo despacio hacia la salida. Liam se detiene cuando divisa el cuerpo de su hermana medio atrapado por los fardos, inmóvil y flojo. Un charco de sangre rodea su cuerpo.

Su mirada se empaña, suspira con amargura y niega con la cabeza.

—Buscó su destino, lo que no impide que me duela el corazón, una parte de él ha muerto con ella.

Lo estrecho con fuerza y lo arrastro hasta la puerta. Un reguero de sangre sigue nuestros pasos. El miedo me oprime. Tengo que llevarlo a un hospital de inmediato.

Llegamos a la puerta y cuando poso mi mano en el pomo, un movimiento a nuestra espalda nos sobresalta. Antes de que sea consciente de lo que ocurre, Liam me empuja con violencia a un lado, se gira y alarga el brazo para apuntar con su pistola.

Una maltrecha Jenny aprieta el gatillo de su pistola, Liam hace lo mismo. El ruido metálico que provoca el  cuerpo de Liam impelido contra la puerta, detiene mi corazón. Grito de terror y me abalanzo sobre él.  Un nuevo impacto de bala ha penetrado en su cuerpo, hiriendo su hombro izquierdo.

—¡Nooooo…..!—gimo en un sollozo.

Cae sentado al suelo, con las piernas abiertas, y la penetrante mirada derrotada de sus sesgados ojos grises clavados en el cadáver de su hermana.

—¡Ahora sí acabó todo!—masculla inclinando la cabeza.

Su cuerpo se destensa, la palidez lo cubre, sus ojos vidriosos se desenfocan. No hay tiempo que perder.

De rodillas, trémula y llorosa, atrapo su cabeza entre mis manos.

—¡Escúchame bien, no vas a rendirte, no ahora! ¿Me oyes? ¡¡¡Voy a buscar ayuda, resiste maldita sea!!!

Sus párpados caen pesados, su rictus se desdibuja en lo que parece una extraña sonrisa.

—¿No te cansas?

Lo miró confusa. El pulso late alocado en mi sien, siento nauseas y un regusto bilioso en la garganta.

—De salvarme—aclara, enfocando trabajosamente su vista en mí.

—No, ahora no te salvo a ti—respondo con firmeza—Me salvo a mí misma.

Intento arrastrarlo con delicadez, y abro la puerta. Me prohibo pensar en nada que no sea buscar un maldito policía, el miedo corre a mi encuentro, y decido correr más que él.

Salgo a la calle y grito con fuerza, no hay mejor reclamo que la sangre y las lágrimas.

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SÁLVAME DE TI……MÓTIVOS…..54

–¡Jack nunca me traicionaría!–exclama Liam, agazapado tras los fardos, con Eva abrazada a su espalda. Una afirmación con la que no hubiera puesto jamás la mano en el fuego, pero necesita ganar tiempo–Era mi amigo.

–Dinero, Liam–responde Jenny–Pocas amistades superan esa tentación.

–Algunas familias tampoco la superan–masculla con acritud, mientras baraja sus escasas posibilidades de escapar sin un enfrentamiento.

Un tenso silencio invade el almacén. Casi puede notar el asombro de Jenny.

–¡Sal Liam! Acabemos con esto de una vez.

–No hay ningún mafioso tras de mí, ¿no es cierto?

–No–confiesa ella–no lo hay.

Escucha pasos desplazándose en ambos laterales del local. Se tensa nervioso, aferrando con fuerza su revolver. Eva se despega de él y rebusca nerviosa en su bolso.

–¿Por qué Jenny?–Intenta mantener un tono firme y calmado sin conseguirlo. Imágenes de ellos juntos jugando, riendo, compartiendo tantos momentos entrañables se clavan en su pecho, horadándolo.

–Acabo de decírtelo–responde ella.

La furia estalla en él.

–¡¿Piensas matar a tu hermano por la puta herencia?! ¡Maldita sea!, ¡joder Jenny! Sólo tenías que pedirla, me importa una mierda el dinero, las propiedades, las acciones. Te hubiera dado todo, todo, solo con pedirlo. Aún estoy dispuesto a entregarte hasta el último cochino dólar, si nos dejas salir con vida de aquí. Es mi única condición.

De nuevo silencio. Aguarda una respuesta que no llega. Tampoco escucha ya pasos acercándose.

–No lo entiendo Jenny–musita de nuevo–tu exmarido te dejó una fortuna.

–Ese malnacido sólo me dejó deudas de juego, acreedores y embargos.

–¿Por qué no me pediste el dinero?

La escucha resoplar. La punta de su zapato de tacón repiquetea incesante en el suelo de cemento.

–Veo que no leíste las cláusulas estipuladas en la herencia. Nunca te importo el dinero, a mí sí, ¿no te parece irónico que te lo dejaran todo a ti?

–Nos lo dejaron a los dos, yo solo soy tu albacea.

–¡Y una mierda!–estalló furiosa–Esa jodida cláusula dice claramente que no puedes donarme ni un céntimo, que sólo a tu muerte pasaría a mis manos. Y eso es irrevocable, hablé con los mejores abogados, y todos dijeron que no podía cambiarse el testamento, ni con tu consentimiento.

–Habríamos encontrado otra solución Jenny.

–Esperé Liam, tuve mucha paciencia contigo. Cuando te diagnosticaron la leucemia, pensé que el destino por fin se ponía de mi parte. Pero no morías, pasaba un año tras otro y resistías contra todo pronóstico. Y cuando la conociste a ella…..regresaron tus ganas de vivir. Por eso cuando viniste a verme y la conocí, supe que tenía que hacer algo. Así que ese día en el hospital, tuve que inyectarte ese suero, que acelera el metabolismo, para que tus células malignas se multiplicaran. Por eso empeoraste después, por eso la dejaste. Aún no entiendo por qué no moriste entonces. Creo que tu caso contraviene todos las bases de la ciencia médica. No lo logro comprender como todavía respiras y mucho menos que estés curado, realmente es algo milagroso. Un puto milagro que me ha obligado a hacer algo que nunca hubiera pensado hacer. Pero…mi situación es desesperada.

Liam se siente desfallecer, su pecho se contrae de dolor. Cierra momentáneamente los ojos, buscando el temple que necesita.

–También lo es ahora la mía–resalta el en un hilo de voz. Plenamente consciente de que su única salida es matar a su propia hermana y a los hombres que la acompañan–Tuviste ocasión de matarme dos veces,…esta vez será la definitiva, o tú o yo, o los dos.

–En efecto, todo o nada.

–¿Me oyes bien Jenny? Tú o yo, pero no Eva. Déjala salir o te juro que no me iré solo al infierno. Déjala salir y me tendrás.

–¡No!–exclama Eva, abrazándolo con fuerza. Se gira hacia ella y la cobija en su pecho. Alza sus grandes ojos llorosos hacía él, y ve en su expresión una determinación que interpreta a la perfección antes de que ella abra la boca de nuevo–Tengo una pistola, ellos son tres, nosotros dos y estamos a resguardo. Podemos conseguirlo.

Esgrime una sonrisa emocionada, posa el dorso de su mano sobre la suave mejilla de la mujer y la desliza hasta su barbilla, apresándola. No arriesgará la vida de la mujer que ama, si encuentra una salida para ella. Él, al fin y al cabo siempre tuvo a la muerte tras de sí, quizá sea la última vez que la tenga enfrente quizá no, pero si algo tiene claro es que esto es un asunto que siempre le concernió a él, sólo a él.

–De acuerdo–concede Jenny–La dejaré salir.

–Miente–aduce Eva  en susurros, con la mirada crispada y la desesperación desdibujando sus facciones.–No dejará vivo al testigo de un asesinato, irá tras de mí.

–Al menos tendrás una oportunidad–refuta él–Podrás esconderte, acudir a la policía y buscar protección, al menos, tendrás una oportunidad de vivir. Aquí, junto a mí, son reducidas, esos hombres son sicarios. Estamos atrapados. Ahora mismo, ya están agazapados a ambos lados de los fardos, preparados para dispararnos cuando ella dé la orden. Si no lo ha hecho ya, es porque se sabe encañonada por mí. Prefiere acceder a mi trato y que me entregue sin más, a arriesgarse en un tiroteo.

–No–insiste Eva con voz estrangulada–No voy a dejarte,  no quiero vivir sin ti.

Ve tal determinación en su semblante, tal amor brotando de su mirada, tal coraje tensando sus facciones que sabe que sus destinos ya están decididos. Se inclina sobre ella, aferra su mandíbula y toma su boca con hambre, volcando en ella todo lo que siente. Eva jadea entregándose al beso con un sentimiento feroz. Cuando se separa de ella ve lágrimas surcando sus mejillas, lágrimas idénticas a las suyas. Asiente quedamente, y toma una profunda bocanada de aire y murmura:

–Lo haremos juntos, amor mío,  ataste tu destino al mío el día que me salvaste de mí.

–Ese día empezó mi vida–confiesa Eva–si ha de acabar aquí contigo, bendeciré cada minuto pasado a tu lado.

La besa de nuevo, esta vez con urgencia y brevedad.

–Tú ere mi milagro Eva, ese que Jenny no comprende.

Mira la alta fila de abultados sacos blancos y una idea prende en su cabeza.

–Cuando salgas, camina despacio hacia Jenny pero desde el lateral, mete tu pistola en el bolsillo trasero de tus vaqueros. Voy a empujar la pared de fardos para que caigan sobre ella, después…tírate al suelo, cúbrete con los sacos y dispara a quien te ataque.

Asiente trémula, el miedo opaca su mirada. La atrae contra su pecho y besa su cabeza.

–Va a salir con las manos en alto Jenny, cuando salga del local, y no antes, te entregaré mi arma y mi vida.

sicario

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SÁLVAME DE TI…..NO SIN TI…53

Liam mira nervioso a su alrededor. El almacén está en penumbras, deambula de un lado a otro, inquieto e impaciente, oculto tras un muro de abultados fardos repletos de especias. El aroma es tan intenso que casi puede sentir como perforan sus fosas nasales como si fueran algo tangible, como dagas afiladas impregnadas en cúrcuma, cardamomo, cilantro, raíz de tamarindo molida, chile rojo, albahaca y algunas más que es incapaz de reconocer. Sabe lo que intentara Jenny, llevarlo de vuelta a Estados Unidos, pero no tiene ninguna intención de huir. No, no saldrá del país hasta que acabe con el hombre que ha puesto precio a su cabeza.

Cuando escucha como gruñe la puerta del almacén se agazapa entre los fardos e intenta atisbar entre ellos.

Se mantiene inmóvil y alerta. Escucha pasos, el estruendo de la calle los acompaña, ese griterío agudo y jubiloso típico de la ciudad, bocinas de coches, timbrazos de bicis, campanillas de carros de comida ambulante y el estridente silbato de un controlador ineficaz de tráfico. De nuevo, el quejumbroso gruñido de las oxidadas puertas metálicas al cerrarse.

–¡Liam, puedes salir, somos nosotros!–anuncia Jack.

Emerge de su escondite con cautela, cierto que Jack es su amigo, pero el cañón de una pistola presionando una espalda, sume en momentáneo olvido cualquier amistad.

Atisba precavido antes de dejarse ver, no es que tenga manera de escabullirse, pues aquello es lo más parecido a una ratonera sin salida. No obstante, los fardos son un buen parapeto y él va armado.

De todas las situaciones que imaginó enfrentar, la única que lo desarma y lo deja trémulo, es la mirada de ojos azules que se clava en él con un anhelo desgarrador.

Jenny se adelanta aprovechando su desconcierto y lo abraza con vehemencia.

–Liam, qué preocupada estaba por ti.

No puede despegar los ojos de ella, apenas si logra cerrar la boca y tragar saliva, mientras permite los arrumacos de su hermana que susurra en su oído palabras que no escucha.

Se aparta de Jenny, y camina hacia Eva como si atravesara una espesa niebla que paraliza sus músculos. Ella no puede estar aquí, piensa, ella no debe estar aquí.

–¡Santo dios….Eva!

Ella lo contempla con titilantes lágrimas en los ojos, con el semblante contraído por la emoción y con una inquietud angustiosa que envara su cuerpo, eso lo desconcierta.

Cuando la tiene enfrente todas las preguntas y reclamos se evaporan de un plumazo, un sólo impulso toma el control gobernando su cuerpo y su mente con una  necesidad tan apremiante y desesperada que todo su alrededor se diluye en sombras.  La aferra por los hombros y atrapa su boca con la voracidad primaria de una depredador que ha agotado sus reservas, con la sed de un campo árido ante la primera lluvia primaveral. Y cuando ella se entrega al beso con el mismo desespero, cuando sus manos se enlazan en su nuca, cuando ciñe su cuerpo al de él, en verdad siente como si cada gota de lluvia se filtrara por las grietas de su alma transida, alimentando incipientes brotes que surgen en todas partes, repoblando un terreno yermo, convirtiendo su desolado páramo en un vergel frondoso y vital. Ella es su vida, su aire, su razón, su todo.

Cuando logra separarse de ella, toma consciencia del peligro que la acecha y su ánimo se oscurece.

–Jenny, sácala de inmediato del país. Os quiero lejos de mí a las dos.

–Liam–Eva, posa la mano en su antebrazo y niega con la cabeza–No sin ti, no pienso irme de aquí sin ti.

Por su cabeza pasan de nuevo un largo carrusel de explicaciones, órdenes y exigencias, que mueren en el momento en que la mira de nuevo, en lugar de abrir la boca, abre los brazos y la estrecha entre ellos. Cierra los ojos y suspirar. La ama tanto que hasta sus entrañas se retuercen ante la idea de soltarla y dejarla marchar. Pero debe hacerlo, se obliga a hacerlo, y lo intenta, pero entonces ella se funde en su pecho, cobija el rostro en su hombro y escucha unas palabras susurradas que lo congelan.

–No te separes de mí, la muerte está frente a nosotros, la estoy mirando.

Y de repente se despega de él, y clava su mirada en Jenny con acusada intensidad. Acto seguido se gira nuevamente hacía él y compone una expresión de alerta, miedo y pesadumbre que lo encoge confuso.

–¡Jenny, saquémoslo de aquí de inmediato!–exclama enmascarando de simple apremio su rostro.

Jenny asiente, lo contempla un largo instante y por un momento le parece estar frente a una desconocida. Todos sus sentidos se agudizan, siente el pulso acelerado en la sien, y casi puede escuchar el eco de sus latidos atropellados.

Se niega a pensar en lo que está pasando, no hay tiempo de reflexiones, siente el peligro con la misma certeza que siente la tensión que aflora de Eva, como si fuera un aviso luminoso de emergencia.  La adrenalina brota a borbotones, su instinto se dispara emitiendo señales a todos su cuerpo, siente como cada músculo se tensa, como sus ojos recorren la sala trazando un plan de escape, como su mano se desliza subrepticiamente hacia el bolsillo trasero de sus tejanos, tentando la culata de su revolver.

Jenny de repente sonríe y musita:

–Tortolitos, ya habrá tiempo de celebrar el encuentro, salgamos de aquí.

Se dirige a la puerta del almacén y abre la puerta no sin esfuerzo. Dos hombres aparecen en el umbral.

–He contratado seguridad Liam, y gracias a dios que he llegado a tiempo.

Sin inmutarse, saca del bolsillo interior de su chaqueta una pistola, y dispara sobre Jack a quemarropa.

Eva deja escapar un grito de terror, Liam no duda, la arrastra tras los fardos y saca su arma.

–¿Qué demonios pasa Jenny?

–Jack te traicionó, Liam, te vendió al mafioso que te persigue, iba a entregarte y matarnos a todos.

Mira a Eva, sus grandes ojos se clavan en él al tiempo que niega con la cabeza.

–Miente–susurra–Fue ella quien le pagó a Diego, ella encargó tu asesinato. Tengo pruebas.

No las necesita, puede ver la verdad en su rostro. Sólo se le ocurre una razón por la que quisiera acabar con él. Una razón que lo destroza por dentro con la virulencia de un incendio en un pajar.  La herencia.

SACO

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SÁLVAME DE TI……Bangkok……52

Contemplo el ajetreo de Bangkok desde el ventanal panorámico de mi habitación de hotel. En mi mano sostengo el móvil, esperando que Jenny descuelgue mi llamada.

Soy consciente de que es imposible localizar a Liam en una ciudad como aquella, y más si está agazapado salvando su vida. No conozco su vida allí, ni a sus posibles amigos, nada. Sólo me queda Jenny, ella es la única que puede llevarme con él, aunque en su mente el único sitio al que seguramente pretenda llevarnos es al más allá.

Aguardo nerviosa escuchando el sexto tono de llamada, cuando por fin escucho su voz.

–Eva–rezonga molesta–ahora no es el momento. Ya te llamaré yo cuando pueda.

–Estoy en Bangkok–informo con sequedad.

Silencio. Creo que escuchar los resortes de su cerebro tejiendo un plan para esta molesta contingencia.

–Joder Eva–masculla airada–Te dije que confiarás en mi.

Esta vez soy yo la que contengo una imprecación. Me pregunto en ese preciso instante cómo seré capaz de simular el desprecio que provoca en mí cuando la tenga en frente.

–Soy incapaz de estar en casa esperando tu llamada, me volvería loca. Quiero estar a su lado, acompañarlo en su destino.

Espero que capte mi sutil invitación a incluirme en sus planes. Es la única manera de que me lleve junto a él.

Tras una pausa tensa y prolongada la escucho respirar hondamente.

–Bien, sí es eso lo que quieres ya sabes a lo que te arriesgas–concede molesta.

Empezamos a entendernos, pienso. Nadie mejor que yo sabe a lo que me arriesgo.

–¿Dónde nos encontramos?–inquiero.

–Estoy en el Hotel Shangri-La, pide un taxi de inmediato, he quedado con Jack en el vestíbulo dentro de media hora. No te esperaremos–advierte vehemente.

Claro que me esperará, no le interesa dejar cabos sueltos que sigan investigando por su cuenta.

–Allí estaré.

Cuelgo, cojo mi bolso y salgo precipitadamente de la habitación. Mientras recorro los laberínticos pasillos, tomo el ascensor, atravieso el hall y busco un taxi con la mirada, un pensamiento cobra forma en mi mente: Necesito un arma.

Por fortuna un taxi se detiene en la entrada de mi hotel. Aguardo a que la pareja que lo ocupa salga del vehículo y me abalanzo a la puerta trasera.

Una vez dentro no me detengo mucho a pensar en mis siguientes palabras pronunciadas en inglés.

–Al hotel Shangri-La, pero antes necesito hacer una parada.

El hombre, menudo y enjuto, asiente y se gira completamente esperando más información a pesar de que ya ha arrancado y circula por una avenida de cuatro carriles.

–¿Dónde parar?–pregunta en un inglés escueto.

–¿Dónde puedo comprar en un arma?

Espero una mirada suspicaz, o al menos reprobadora, sin embargo se encoge de hombros y sonríe con suficiencia.

–En armería, muchas en ciudad.

–Pues deténgase en una que pille de camino, ¿necesito permiso de armas?

–No ser legal para turistas, pero aquí lo legal no es lo más común.

Bueno, al menos no tengo que ir al mercado negro a buscar una. Me repantigo en el asiento y  miro por la ventanilla fingiendo despreocupación. La ciudad pasa ante mis ojos, como una secuencia rápida de imágenes bulliciosas e intensas que se graban en mi retina, como si esas escenas fueran el final de la película de mi vida. Aparto esos pensamientos, y cuando el hombrecillo detiene el vehículo y señala un establecimiento, agarro bien el bolso y me introduzco en el local.

Miro la vitrina y los expositores que hay tras el mostrador. No entiendo de armas, así que me guío por mi sentido común. Quiero algo pequeño y manejable.

El dependiente me mira un instante viendo claramente la confusión de mi semblante. Antes de que me anime a señalar alguna de las pistolas pequeñas, él pone tres sobre el cristal para que yo elija.

–Tres ser pequeñas, pero la del medio es la única mortal.

No me enjuicia, ni me mira con extrañeza, se limita a mirarme con toda la naturalidad del mundo ofreciéndome la del medio para que calibre su peso y manejo.

–Ser ligera,  aunque cartucho solo cinco balas.

Estoy tan nerviosa que casi se me escurre cuando intento acomodarla en mi mano. Es la primera vez en mi vida que toco un arma de fuego.

–Sí, esta esta bien–Logro proferir sin tartamudear.

–Ser una Beretta–informa el dependiente– calibre 45, más pequeña mercado.

Soy incapaz de preguntar nada, asiento y saco mi cartera. Mientras saco los billetes, el hombre tiene la gentileza de cargar el arma.

–Quitar seguro para disparar–advierte. La mete en una bolsa y me la entrega.

Me asombro de lo barato que es comprar un arma, cargada además, y salgo de la armería como una exhalación, sintiéndome una fugitiva buscada.

Cuando me meto de nuevo en el taxi, dejo escapar el aliento contenido. Saco la pistola del envoltorio y la introduzco torpemente en mi bolso.

Para cuando el taxi se detiene en el impresionante hotel Shangri-La, un resort de lujo justo en la orilla del rio Chao Phraya, mi corazón igual en revoluciones al de un Ferrari de competición.

Salgo del taxi y me adentro con paso firme en el vestíbulo del hotel. La palabra opulencia no llega a describir el interior del hall. Deslizo mi mirada por la abarrotada amplitud que abarca la recepción hasta localizar en un extremo a Jenny hablando con otro hombre. Imagino que es el tal Jack, aunque no sé porque razón no imaginé que fuera de oriundo del país.

Antes de llegar hasta ellos, la penetrante mirada de Jenny me atraviesa.

Murmura algo en el oído de su interlocutor y esboza una tirante sonrisa para recibirme.

–Hola Eva.

Se acerca para posar en mi mejilla un beso frío y yo me esfuerzo por estrangular la aversión que me provoca.

–Hola Jenny.

Miro al hombre e inmediatamente Jenny me presenta a Jack. Le estrecho brevemente la mano.

–Jack tiene a Liam escondido en un almacén–informa ella–No tenemos tiempo que perder.

–Adelante entonces–musito.

Justo cuando salimos a buen paso del hotel, percibo de soslayo como Jenny mira sucintamente hacia atrás como buscando algo.

Paramos otro taxi, y nos adentramos en él. No me pasa desapercibido un detalle que llama poderosamente mi atención. Dos hombres salen apresuradamente del vestíbulo, nos miran y se abalanzan sobre el siguiente taxi libre.

Tres cosas me tranquilizan durante el largo trayecto, el arma que llevo oculta, el factor sorpresa que me ampara, y que en apenas unos minutos veré a Liam. Lo demás es un caos de emociones que me sobrecogen hasta casi paralizarme de terror.

Shangri-LaBangkok_Exterior

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SÁLVAME DE TI……DESCUBRIMIENTOS…51

Justo cuando abro la puerta del apartamento de Diego, suena mi móvil.

Miro la pantalla, número oculto, dudo si cogerlo. Escuchó pasos en las escaleras, apresuro mis movimientos, y me adentro en un pasillo, cerrando la puerta a mi espalda. Inspiro profundamente y descuelgo la llamada.

–¿Diga?

–Eva, soy yo Jenny.

–Disculpa Jenny, pero ahora mismo estoy muy ocupada.

–No te robaré mucho tiempo–asegura con acentuada inquietud–he recibido una llamada de un amigo de Liam en Bangkok, dice que ayer intentaron matarlo unos sicarios, escapó con vida de milagro.

Siento como mi corazón se retuerce de angustia. Mis dedos se crispan en torno al teléfono.

–¡Dios mío!…¿Pero, está bien?–logro articular.

–Sí, lo está, al menos de momento, porque esos malnacidos volverán a intentarlo y no pararán hasta conseguirlo.

–¿Has avisado a las autoridades de allí? ¡Tienen que protegerlo!

–No Eva, él no quiere ni yo tampoco. La policía es un órgano corrupto en Thailandia, corre más peligro con ellos que escondido en la ciudad.

La presión de mi pecho se agudiza, el pulso se me acelera y el miedo me oprime.

–¡Pero, maldita sea, tenemos que hacer algo!

–Por eso te llamo–aclara Jenny–Estoy en el aeropuerto, salgo en un par de horas para Bangkok. Sólo quería que supieras que voy a hacer todo lo posible por sacarlo del país y ponerlo a salvo. Su amigo Jack me pondrá en contacto con él.

–Yo también iré–decido con vehemencia.

–Ni hablar Eva, Liam nunca me perdonaría el haber permitido que te pusieras en peligro. Te prometo llamarte cada día, y te juro que lograré que hables con él. Pero debes ser paciente, tendrá que permanecer oculto un tiempo. Necesito que confíes en mí.

Trago saliva y logro emitir una débil aceptación. Tengo ganas de llorar, me tiemblan las rodillas de rabia, frustración e impotencia.

–Dile que….que nunca renunciaré a él, y…que lo buscaré hasta en los confines del mundo,…dile que lo amo tanto que lo sacaría del mar una y mil veces. Dile…–las lágrimas brotan quemando mis mejillas–dile…que o los dos o ninguno.

Un silencio, en el que me trago mi llanto, me muerdo el labio inferior y cierro los ojos suplicando a un dios olvidadizo que lo traiga de nuevo a mis brazos.

–Se lo diré Eva, sé fuerte. En cuanto sepa algo te llamo. Confía en mí.

Cuelga.

Con el teléfono todavía en la mano, impávida, temblorosa y asustada, me limpio burdamente la humedad de las mejillas y camino con paso firme por el pasillo.

Respiro hondo y miro a mi alrededor.

Guiada por las indicaciones de Diego, tras entregarle mi declaración firmada a su abogado, me dirijo a su dormitorio, evitando mirar la cama, donde tantas veces intenté borrar a Liam de mi cabeza sin conseguirlo. Deslizo las puertas correderas del armario y saco de un altillo la caja metálica donde se supone que está el archivo de audio con la voz de la mujer que encargó el asesinato de Liam.

Abro la tapa y ahí está, un pendrive con forma de llave. Contengo el aliento y me dirijo al despacho de Diego. Enciendo su Imac y encajo el dispositivo en la ranura usb. Se abre la carpeta mostrando un sólo archivo de audio. Cliqueo y agudizo el oído.

…..Cuando tengas todo listo, quiero un prueba, ¿entendido?, o no verás ni un céntimo. No me importa cómo lo hagas mientras lo hagas. Y no olvides que un paso en falso te costará la vida….

La voz susurrante y femenina continua con sus secas y firmes advertencias pero ya no reparo en el contenido de las amenazas. Soy incapaz de asimilar nada más.

Tiemblo y tengo que sentarme. La sangre se ralentiza en mis venas, cada latido es como el largo y pesado retumbar de un tambor, y cada impacto resquebraja mi pecho en infinitas fisuras por las que se filtra dolor, incomprensión y sobretodo miedo. Un pánico tan primario que me inmoviliza, anclándome a la silla.

Confía en mí, había dicho ella.

Recuerdo una frase que rebota en mi mente como una alocada pelota de pin pon…A veces el horror más infame anida donde menos lo aguardas…

Me pongo en pie, un sudor frío perla mi frente, sé que estoy pálida y que el impacto de aquella voz ha devastado mis emociones empujándolas a un caos de preguntas sin respuesta. Sin embargo, ahora no es el momento de buscar explicaciones, ahora es el momento de impedir que Jenny mate a su propio hermano.

Me inclino sobre el teclado del ordenador y busco vuelos a Bangkok. Reservo una plaza, meto el pendrive en el bolso y salgo con premura del apartamento.

Horas más tarde, acomodada en mi asiento dentro del enorme Boeing 777, me asaltan las pesadillas. Despierto sobresaltada y sudorosa con el corazón atronando con fuerza en mi pecho. Sé que mi destino, que nuestro destino, se escribirá en Bangkok, sé que la muerte nos acecha, pero también sé que lucharemos con uñas y dientes contra ella.

Vuelvo a dormirme, esta vez sueño con él, sueño con sus manos sobre mi cuerpo, con sus afilados ojos fijos en los míos, con esa sonrisa pendenciera y sensual que tanto me subyuga, con la arrebolada y primitiva pasión que vuelca sobre mí. Y me estremezco.

Una sola imagen me acompaña todo el viaje…yo entre sus brazos.

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